Ciudad de México.- Incorporar programas de ejercicio supervisado a la atención de pacientes con cáncer de colon no solamente puede mejorar sus posibilidades de supervivencia, también podría reducir los gastos de los sistemas de salud. Una investigación internacional encontró que las personas que recibieron acompañamiento físico después de la quimioterapia necesitaron, en promedio, menos recursos para atender complicaciones y nuevos tratamientos.
El resultado surgió del ensayo clínico CHALLENGE, en el que participaron 889 pacientes de seis países que terminaron sus tratamientos contra el cáncer de colon en etapas II de alto riesgo o III. Los investigadores dividieron a los participantes en dos grupos: uno recibió recomendaciones generales de salud y el otro siguió un programa de actividad física con acompañamiento especializado durante tres años.
El programa no consistió en entrenamientos extremos ni en ejercicios de alto rendimiento. Los participantes realizaron actividades adaptadas a sus capacidades, con una carga equivalente a caminar a paso rápido entre 45 y 60 minutos, de tres a cuatro veces por semana. Durante el primer año recibieron seguimiento cada dos semanas y posteriormente mantuvieron reuniones mensuales con especialistas.
Los resultados publicados en 2025 mostraron diferencias importantes. Ocho años después, aproximadamente 90 de cada 100 pacientes del grupo que realizó ejercicio continuaban con vida, frente a 83 de cada 100 que solamente recibieron información sobre hábitos saludables. Los investigadores también registraron una menor frecuencia de recaídas y nuevos diagnósticos de cáncer entre quienes siguieron el entrenamiento supervisado.
Sin embargo, un análisis económico publicado en 2026 aportó otro dato. Aunque organizar el programa representó un gasto inicial promedio de 2 mil 917 dólares canadienses por paciente, los costos médicos totales durante cinco años resultaron menores en el grupo que recibió entrenamiento.
De acuerdo con la investigación publicada en Journal of Clinical Oncology, el gasto promedio por paciente fue de 31 mil 957 dólares canadienses entre quienes participaron en el programa, frente a 33 mil 546 dólares entre quienes recibieron solamente información educativa. La diferencia representó un ahorro estimado de mil 589 dólares canadienses por persona.
Los especialistas explicaron que buena parte de esa reducción estuvo relacionada con los menores gastos por recaídas, aparición de nuevos tumores y tratamientos oncológicos. El análisis tomó como referencia los costos del sistema público canadiense, por lo que sus resultados económicos no pueden trasladarse directamente a hospitales de otros países.
Otro aspecto importante fue el acompañamiento. Los participantes no recibieron únicamente la indicación de hacer ejercicio, sino que contaron con orientación para mantener la actividad física después de terminar la quimioterapia, una etapa en la que pueden persistir el cansancio, la debilidad muscular y otras consecuencias del tratamiento.
A pesar de los beneficios, los investigadores aclararon que los resultados corresponden a pacientes con características específicas y no significan que todas las personas con cáncer deban seguir el mismo entrenamiento. La actividad debe adaptarse a las condiciones de salud de cada paciente y realizarse con orientación de su equipo médico.
El estudio tampoco plantea sustituir la cirugía, la quimioterapia ni otros tratamientos médicos por ejercicio. Su principal aportación es demostrar que, para determinados pacientes, una actividad física organizada y supervisada puede convertirse en parte del seguimiento oncológico, con beneficios tanto para la salud como para los costos de atención.

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