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El cambio climático dejó de ser solo un problema ambiental, ahora también es el motor de las enfermedades infecciosas. Los mosquitos, murciélagos y otros organismos están alcanzando nuevas latitudes y altitudes. Las temporadas de transmisión de ciertas enfermedades ahora son más largas, porque el clima ha cambiado drásticamente en los últimos años. La presencia de una ola de calor, una sequía o huracán puede combinarse con un brote infeccioso y multiplicar su impacto sanitario.


Un ejemplo contundente es el de los mosquitos Anopheles, transmisores de la malaria en África. El análisis masivo “Rapid range shifts in African Anopheles mosquitoes over the last century”, publicado en Biology Letters, con más de 500 mil registros revela que la distribución del mosquito se desplaza hacia el polo 4.7 kilómetros por año.


Al norte de nuestro continente, el murciélago vampiro común ha migrado hacia el norte durante el último siglo, aumentando el riesgo de contagio por rabia entre la vida silvestre, el ganado y los seres humanos. Para 2070, la revista Ecography estima que la migración de mamíferos debido al clima podría generar 4 mil saltos de virus entre diferentes tipos de organismos.


Enfermedades gastrointestinales

Dentro de las enfermedades gastrointestinales altamente prolíferas se encuentran las siguientes, de acuerdo con The Journal of Climate Change and Health.


Shigella: Bacteria que causa fiebre alta, dolores, cólicos abdominales, diarrea mucosa o heces con sangre. Su transmisión es por vía oral o anal. Las olas de calor aceleran su ciclo reproductivo, las lluvias intensas provocan desbordamiento de vertederos, facilitando la contaminación fecal en aguas de consumo humano.


Cryptosporidium: Un tipo de tipo de protozoo microscópico altamente resistente al cloro, los cuales pueden causar diarrea acuosa y severa, acompañada de cólicos abdominales, náuseas, fiebre baja y pérdida de peso. Prolifera gracias a las lluvias extremas e inundaciones, aparecen en sistemas deficientes de filtración de agua en comunidades vulnerables.


Vibrio cholerae: Se trata de una bacteria causante de diarrea acuosa y repentina, vómitos frecuentes, calambres musculares, deshidratación rápida y letargo o irritabilidad. Las altas temperaturas favorecen su multiplicación, así como las inundaciones, porque el microorganismo vive en las aguas negras. Durante las sequías, las comunidades más pobres se ven obligadas a consumir el agua contaminada, finalmente la gente se enferma.


Actualmente, las enfermedades diarreicas relacionadas con factores climáticos ronda entre el 18 por ciento y el 20 por ciento. El Environmental Research muestra cómo los picos durante las olas de calor (30 y 40 grados Celsius) incrementan en un 39 por ciento la probabilidad de contraer estas enfermedades. Mientras la Public Library of Science reporta, a nivel mundial, un aumento entre el 5.7 por ciento y el 9.4 por ciento en ingresos hospitalarios por diarrea en niños menores de 5 años, solo por la presencia de temperaturas más altas.


Desastres Compuestos por Clima Extremo y Epidemias

El concepto Desastres Compuestos por Clima Extremo y Epidemias nació con el lamentable evento histórico del huracán Katrina en 2005. Tras las inundaciones de Nueva Orleans el virus del Nilo Occidental se propagó fácilmente, gracias al agua estancada se creó el hábitat perfecto para los mosquitos.


Un caso más reciente fue el brote de chikungunya en China (2025). Las olas de calor se asociaron con un aumento de 76 por ciento en los casos confirmados, debido a que las lluvias intensas aumentaron la proliferación del mosquito en un 205 por ciento.


Según la Organización Panamericana de la Salud, México es el segundo país con mayor concentración de casos de sarampión en el continente americano. Desde enero hasta el 3 de octubre del presente año se han confirmado 13 mil 595 casos y 23 muertes. La mayoría de los casos se concentran en Jalisco 7 mil 274, la Ciudad de México cuenta con mil 33 casos y Chiapas tiene 920. Los grupos de edad más afectados son niños entre 1 y 4 años, pero también los jóvenes entre 25 y 29 años.


Este resurgimiento del brote se debe a la migración climática, causada por fenómenos como El Niño, sequías prolongadas e inundaciones. Debido a las grandes movilizaciones humanas, se interrumpen las campañas de vacunación rutinarias. Otro problema relacionado es la falta de seguridad alimentaria de los niños migrantes, quienes no pueden fortalecer su sistema inmunológico debido a la hambruna.


El gran peligro de la nueva era epidemiológica es la sincronía entre diferentes crisis. Un sistema de salud que ya está lidiando con los estragos de una ola de calor o inundación, repentinamente se ve obligado a enfrentar un brote de una enfermedad prevenible administrando una vacuna o cuidados básicos ―oportunidades inalcanzables para un grupo de migrantes o personas vulnerables―.


En palabras de Jianping Huang y Xinbo Lian de la Universidad de Lanzhou: “Las perturbaciones sistemáticas derivadas de la combinación de múltiples crisis pueden ejercer una presión adicional sobre los sistemas de gobernanza social existentes y la infraestructura de salud pública… El cambio en la distribución global y la estacionalidad de las enfermedades infecciosas exige una integración más estrecha de las perspectivas climatológicas y epidemiológicas”.

LA JORNADA

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