Italia.- En la ciudad italiana de Bolonia existe una torre que lleva más de 900 años inclinada y cuya historia es tan sorprendente que, durante la Edad Media, tuvieron que quitarle buena parte de su altura para evitar que terminara en el suelo. Se trata de la torre Garisenda, una construcción que originalmente medía unos 60 metros y que hoy continúa siendo motivo de preocupación para los especialistas.
La estructura fue levantada a comienzos del siglo XII, cuando las familias más adineradas de Bolonia competían por construir torres cada vez más altas. Además de servir como puntos de vigilancia y defensa, estas edificaciones eran una forma de demostrar poder económico y prestigio social.
Sin embargo, la Garisenda comenzó a inclinarse debido a problemas en sus cimientos y al hundimiento desigual del terreno. Con el paso de los años, su desviación se hizo tan evidente que las autoridades decidieron intervenir antes de que ocurriera una tragedia.
Entre 1350 y 1353, los encargados de la construcción tomaron una decisión poco común: retirar aproximadamente 12 metros de la parte superior. De esta manera, la torre pasó de medir unos 60 metros a los 48 que conserva actualmente, con la intención de reducir el peso de la estructura y disminuir el riesgo de derrumbe.
Lo curioso es que su inclinación ya era famosa mucho antes de aquella modificación. El poeta italiano Dante Alighieri la mencionó en su obra La divina comedia, concretamente en el canto XXXI del Infierno, donde utilizó la imagen de la torre para describir el movimiento de un gigante.
Dante comparó la sensación de observar la Garisenda desde abajo, mientras las nubes se desplazan sobre ella, con la impresión de que la construcción se inclina todavía más. Esta referencia demuestra que el problema ya era conocido a principios del siglo XIV, cuando el escritor todavía vivía.
En la actualidad, la torre presenta una desviación de aproximadamente 3.3 metros respecto a su posición vertical. Esto significa que su parte más alta se encuentra desplazada varios metros de donde debería estar si la estructura permaneciera completamente recta.
Durante mucho tiempo circuló una leyenda según la cual los constructores habían decidido levantarla inclinada para llamar la atención y superar a otras torres de la ciudad. Sin embargo, los estudios históricos y estructurales no respaldan esa versión y relacionan el problema con el comportamiento del terreno y el deterioro de sus materiales.
Los especialistas también han detectado daños en los bloques de selenita utilizados en la base, provocados en parte por la humedad y antiguos incendios. Estas afectaciones han debilitado algunos componentes de una construcción que, a pesar de haber resistido durante siglos, sigue necesitando vigilancia.
La preocupación aumentó en 2023, cuando las autoridades de Bolonia restringieron el acceso a la zona ante las señales de inestabilidad detectadas por los equipos de monitoreo. Desde entonces se han desarrollado proyectos para reforzarla y evitar que su deterioro continúe.
Actualmente, la Garisenda permanece cerrada a los visitantes y forma parte de un proyecto de conservación. Junto a la torre Asinelli, de aproximadamente 97 metros de altura, constituye uno de los símbolos históricos más reconocidos de Bolonia.
Así, lo que comenzó como una demostración de riqueza entre familias medievales terminó convirtiéndose en un problema de ingeniería que ha durado siglos. Y aunque hace más de 600 años tuvieron que sacrificar 12 metros para intentar salvarla, la torre Garisenda sigue en pie, recordando que incluso las construcciones más imponentes pueden enfrentarse a los límites del terreno sobre el que fueron levantadas.
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