Australia.- Un grupo de arqueólogos encontró una explicación sorprendente para unas antiguas pinturas de barcos europeos realizadas sobre paredes rocosas de Australia. Aunque durante años se pensó que estas imágenes representaban la llegada de extranjeros, una nueva investigación plantea que pudieron haber sido pintadas por los propios indígenas que trabajaban a bordo de esas embarcaciones.
El estudio se concentró en 23 representaciones de barcos localizadas en seis refugios rocosos del sureste de la península del Cabo York, en Queensland, al noreste de Australia. Los dibujos muestran veleros y embarcaciones de vapor con detalles tan precisos que los investigadores consideran que sus autores conocían de cerca la vida marítima.
La investigación fue encabezada por la arqueóloga Lynley Wallis, de la Universidad Griffith, junto con especialistas y representantes de las comunidades indígenas de la región. Los resultados, publicados en la revista Australian Archaeology, ofrecen una interpretación diferente sobre la relación entre los pueblos originarios y la navegación durante los siglos XIX y XX.
Uno de los aspectos más interesantes es que las pinturas no parecen representar los primeros barcos europeos que llegaron a Australia, sino embarcaciones utilizadas mucho después, principalmente entre finales del siglo XIX y principios del XX.
En aquella época, numerosas embarcaciones recorrían las costas australianas para recolectar pepinos de mar, conchas y otros productos marinos destinados al comercio. Buena parte de las tripulaciones estaba integrada por trabajadores indígenas, quienes conocían las rutas, las actividades de pesca y el funcionamiento de los barcos.
Los investigadores encontraron dibujos de distintos tipos de embarcaciones, entre ellos cúteres, balandros, goletas y barcos de vapor. Algunas pinturas incluso muestran elementos como mástiles, cuerdas, velas y chimeneas, lo que permitió relacionarlas con modelos utilizados hace poco más de un siglo.
Pero hubo un detalle que llamó especialmente la atención: en varias imágenes aparecen pequeñas marcas sobre las velas que representan las cuerdas utilizadas para reducir su superficie cuando soplaba demasiado viento.
Según los especialistas, este tipo de representación difícilmente habría surgido de alguien que solo observaba los barcos desde la costa. La precisión de los dibujos sugiere que sus autores pudieron haber navegado en ellos y conocido personalmente su funcionamiento.
Los arqueólogos también identificaron objetos relacionados con las actividades marítimas, como cuchillos y tijeras, además de posibles representaciones de bolsas utilizadas para recolectar productos del mar.
Una de las pinturas podría incluso tener un autor conocido. Se trata de un barco que presenta las iniciales NT, relacionadas por los investigadores con Norman Tableland, un integrante de las comunidades indígenas de la región que habría realizado el dibujo.
Sin embargo, los especialistas aclararon que todavía no es posible identificar con certeza a quienes hicieron la mayoría de las pinturas. Tampoco se conoce su fecha exacta, ya que las estimaciones se basan principalmente en las características de los barcos representados.
El descubrimiento también permite conocer una parte complicada de la historia australiana. Durante el desarrollo de las industrias pesqueras, numerosos indígenas fueron incorporados a las tripulaciones en condiciones laborales difíciles, con pagos reducidos y, en algunos casos, mediante reclutamientos forzados.
Por ello, los investigadores consideran que las imágenes no necesariamente representan admiración por los europeos, sino experiencias que formaron parte de la vida cotidiana de las comunidades indígenas durante aquel periodo.
Además, el estudio demuestra que el arte rupestre no es exclusivamente una manifestación de tiempos prehistóricos. En distintas regiones del mundo, las comunidades continuaron pintando sobre rocas durante épocas relativamente recientes, incorporando elementos nuevos conforme cambiaba su entorno.
En el caso australiano, los barcos europeos terminaron formando parte de las historias y experiencias de los pueblos originarios, quienes habrían decidido representarlos mediante sus propias tradiciones artísticas.
Así, estas 23 pinturas ofrecen una mirada distinta al pasado: más que simples imágenes de embarcaciones extranjeras, podrían ser recuerdos de indígenas que recorrieron el mar, trabajaron en sus aguas y dejaron sus experiencias plasmadas sobre las rocas para las generaciones posteriores.
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