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Chihuahua, Chih.- Sentir frío, escuchar una canción que nos emociona o recordar algún momento especial puede provocar que nuestra piel se llene de pequeños granitos. Es lo que conocemos como piel de gallina, una reacción involuntaria que tiene su origen en la evolución humana y que podría cumplir funciones que van más allá de lo que imaginamos.


De acuerdo con una publicación de Muy Interesante, este fenómeno ocurre cuando unos músculos diminutos, ubicados junto a los folículos del vello, se contraen y hacen que los pelos se levanten. Todo sucede de manera automática, sin que podamos controlar la reacción.


El responsable es el sistema nervioso simpático, que también participa en otras respuestas del organismo, como acelerar los latidos del corazón cuando sentimos miedo o nos encontramos ante una situación inesperada.


En los animales que tienen abundante pelaje, esta reacción cumple una función importante, ya que al levantar los pelos se forma una capa de aire que ayuda a conservar el calor corporal. Sin embargo, en los seres humanos, que tenemos mucho menos vello, ese beneficio prácticamente ha desaparecido.


Por esta razón, los científicos consideran que la piel de gallina es una especie de herencia de nuestros antepasados, quienes tenían más pelo en el cuerpo y necesitaban este mecanismo para protegerse de las bajas temperaturas.


Pero una investigación publicada en la revista científica Cell en 2020 encontró que esta reacción podría tener otra función. Al estudiar ratones, los investigadores descubrieron que los pequeños músculos responsables de levantar el pelo también ayudan a mantener el contacto entre ciertos nervios y las células madre encargadas de regenerar los folículos.


Cuando los animales permanecían expuestos al frío durante periodos prolongados, la actividad de estos nervios favorecía que las células comenzaran a trabajar en la regeneración del pelo.


Esto no significa que cada vez que se nos pone la piel de gallina nos crezca más vello. Los resultados se obtuvieron en ratones y todavía no se ha demostrado que el mismo proceso ocurra de igual manera en las personas.


Aun así, el descubrimiento resulta interesante porque demuestra que algunas reacciones que parecen haber perdido su utilidad con el paso del tiempo pueden seguir participando en funciones importantes del organismo.


Así, algo tan cotidiano como sentir un escalofrío al escuchar una canción o salir al frío podría ser una pequeña muestra de cómo nuestro cuerpo conserva mecanismos que han acompañado a los mamíferos durante millones de años.

Muy Interesante

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