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Ecuador.- El análisis de restos humanos encontrados en la costa de Ecuador permitió a un grupo de científicos reconstruir parte de la historia de una comunidad que mantuvo importantes vínculos genéticos durante más de 1,500 años, a pesar de haber enfrentado erupciones volcánicas, cambios culturales y transformaciones en su forma de vida.


El hallazgo se realizó a partir del estudio del ADN de cuatro personas enterradas en el sitio arqueológico de Salango, ubicado en la costa central ecuatoriana. Los individuos vivieron en distintas épocas, entre hace aproximadamente 2,300 y 740 años, pero sus características genéticas mostraron semejanzas que llamaron la atención de los investigadores.


El trabajo fue encabezado por un equipo internacional de especialistas y publicado el 27 de octubre de 2026 en la revista científica PNAS Nexus. Se trata de uno de los primeros estudios que logra recuperar información genética antigua directamente de habitantes del actual territorio ecuatoriano, una región que hasta ahora había sido poco explorada mediante este tipo de análisis.


La historia de Salango comenzó hace miles de años, cuando sus primeros pobladores se dedicaban principalmente a la pesca y la recolección de productos marinos. Con el tiempo, el lugar se convirtió en un importante centro ceremonial y comercial, donde diferentes comunidades intercambiaban productos y mantenían relaciones con otros pueblos de la costa del Pacífico.


Uno de los acontecimientos que marcaron a la región fue la erupción del volcán Pululahua, ocurrida alrededor del año 330 antes de Cristo. Este fenómeno provocó alteraciones en el territorio y coincidió con importantes cambios culturales. Sin embargo, los resultados genéticos sugieren que buena parte de la ascendencia de sus habitantes permaneció a lo largo de los siglos.


Los científicos encontraron que los cuatro individuos compartían características genéticas entre sí y también presentaban conexiones con antiguas poblaciones de Ecuador, Colombia y Perú. Esto indica que las comunidades de Salango no vivían completamente aisladas, sino que formaban parte de una red de relaciones con otros grupos sudamericanos.


El estudio también permitió explorar un pasado todavía más remoto. Mediante modelos matemáticos, los investigadores estimaron que la ascendencia representada en Salango pudo haberse diferenciado de otras poblaciones indígenas sudamericanas hace aproximadamente 9,800 años. No obstante, aclararon que esta fecha es una estimación y requiere nuevas investigaciones para confirmarse.


Pero los restos humanos guardaban otra sorpresa. Entre los individuos estudiados se encontraba un bebé que vivió hace unos 2,300 años y cuyos huesos presentaban alteraciones compatibles con una enfermedad infecciosa.


Al analizar su material genético, los investigadores encontraron ADN perteneciente al grupo de bacterias que provoca la tuberculosis. Este resultado aporta una de las evidencias moleculares más antiguas de la presencia de esa enfermedad en Sudamérica, mucho antes de la llegada de los europeos al continente.


Las lesiones observadas en los huesos del pequeño sugieren que pudo haber padecido una infección grave durante sus primeros meses de vida. Sin embargo, los especialistas señalaron que todavía no es posible determinar con precisión cómo adquirió la enfermedad ni cuál fue la variedad bacteriana responsable.


Este dato resulta especialmente importante porque durante mucho tiempo se debatió qué enfermedades infecciosas estaban presentes en América antes de la conquista europea. El descubrimiento confirma que bacterias relacionadas con la tuberculosis ya circulaban entre algunas comunidades sudamericanas hace más de dos milenios.


Aunque los resultados ofrecen nuevas pistas sobre el pasado de Ecuador, los científicos reconocen que el estudio se realizó únicamente con cuatro individuos, por lo que será necesario analizar más restos arqueológicos para conocer si esta continuidad genética también se presentó en otras regiones.


La investigación muestra que las sociedades antiguas podían cambiar sus costumbres, sus actividades económicas y sus formas de organización sin que necesariamente desaparecieran las poblaciones que las habitaban.


Después de permanecer enterrados durante siglos, los restos de estas cuatro personas han permitido recuperar parte de la historia de sus comunidades y conocer tanto sus vínculos familiares y poblacionales como las enfermedades que enfrentaron mucho antes de la llegada de los europeos.

Muy Interesante 

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