Ciudad de México.- Una oferta de empleo atractiva, publicada en redes sociales y acompañada de información aparentemente confiable, puede convertirse en el inicio de una red de trata de personas. Sin embargo, una de las modalidades que más preocupa a los organismos internacionales no termina necesariamente en la explotación sexual o laboral tradicional, sino en obligar a las víctimas a cometer fraudes por internet.
Este fenómeno adquiere relevancia tras las advertencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre el uso de las redes sociales y la inteligencia artificial para identificar y captar a jóvenes. Mario Luis Fuentes Alcalá, titular de la Cátedra Extraordinaria Trata de Personas, señaló que la información compartida en plataformas digitales puede ser utilizada para conocer las necesidades emocionales y personales de posibles víctimas y facilitar su acercamiento mediante engaños.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha documentado una modalidad en la que grupos criminales publican vacantes falsas relacionadas con tecnología, atención a clientes, mercadotecnia y otras actividades profesionales. Las personas aceptan empleos que parecen legítimos, pero al llegar al lugar de trabajo descubren que deben participar en operaciones de fraude digital.
En algunos casos, las víctimas son retenidas, despojadas de sus documentos o amenazadas para obligarlas a contactar a otras personas y obtener dinero mediante engaños. La situación genera un problema adicional, pues quienes realizan las estafas también pueden ser personas sometidas a explotación por las organizaciones criminales.
De acuerdo con información difundida en julio de 2026 por la UNODC y la Unión Europea, las víctimas identificadas de esta modalidad procedían de cerca de 80 nacionalidades hacia finales de 2025. Aunque el fenómeno se concentró inicialmente en el sudeste asiático, las investigaciones internacionales han documentado su expansión hacia otras regiones, incluidas América Latina y el Caribe.
La inteligencia artificial ha complicado todavía más la identificación de estas redes. Interpol ha señalado que los delincuentes utilizan herramientas digitales para elaborar anuncios de empleo más convincentes, generar perfiles falsos y producir imágenes manipuladas que permiten aparentar una identidad o una actividad empresarial legítima.
Por esta razón, los organismos internacionales han advertido que las investigaciones no deben limitarse a identificar a quienes realizan los fraudes, sino también a determinar si están actuando bajo amenazas o privación de la libertad. La UNODC ha pedido que las personas obligadas a cometer delitos como consecuencia de la trata reciban protección y sean reconocidas como víctimas.
En su intervención académica, Fuentes Alcalá también llamó la atención sobre otro problema: la falta de apoyo para quienes logran salir de estas redes. Explicó que los albergues y los programas de reintegración social y atención a la salud mental siguen siendo insuficientes, mientras que el miedo a las represalias impide que numerosas víctimas denuncien lo ocurrido.
El panorama muestra que la prevención de la trata de personas ya no puede limitarse a advertir sobre desconocidos que ofrecen empleo o relaciones sentimentales. Las nuevas herramientas tecnológicas permiten elaborar engaños más difíciles de reconocer, por lo que verificar la existencia de las empresas, las condiciones laborales y la identidad de los reclutadores se vuelve especialmente importante antes de aceptar una oferta.
Aunque los informes internacionales documentan esta modalidad de explotación, no permiten establecer por sí solos cuántos casos existen actualmente en México. Lo que sí muestran es que una persona puede ser engañada para aceptar un trabajo y terminar obligada a cometer delitos, una situación que exige investigar tanto el fraude como la posible trata que existe detrás.
Agencias

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