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Chihuahua, Chih.- La pérdida de biodiversidad en los ríos y manantiales no depende únicamente de la sequía o de la contaminación del agua. La construcción de presas, la expansión agrícola y las modificaciones de los cauces también pueden poner en riesgo a especies que habitan en espacios muy reducidos, como ocurre con algunos peces que solo existen en determinadas zonas del estado de Chihuahua.

Esta situación adquiere relevancia a partir de una nueva investigación internacional publicada en la revista Science, en la que científicos de la Universidad McGill, en Canadá, identificaron 45 amenazas distintas para 21 mil 490 especies de agua dulce. El estudio encontró que estos animales enfrentan una presión mayor que muchas especies terrestres y que los riesgos cambian dependiendo del lugar y del tipo de organismo.

En Chihuahua, uno de los ejemplos más particulares se encuentra en los manantiales de Julimes, donde habita el cachorrito de Julimes, un pequeño pez que vive de manera natural únicamente en el manantial conocido como El Pandeño. Esta especie se ha adaptado a temperaturas del agua que pueden superar los 40 grados centígrados, condiciones que resultarían extremas para la mayoría de los peces.

Sin embargo, su capacidad para sobrevivir en aguas tan calientes no significa que esté libre de peligro. La Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) lo identifica como una especie en peligro de extinción, mientras que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasifica en peligro crítico. Su distribución tan limitada hace que cualquier alteración importante en el manantial represente un riesgo para su supervivencia.

El problema no se limita a Julimes. En sus estudios sobre la biodiversidad de Chihuahua, la Conabio ha documentado que las cuencas del río Conchos enfrentan distintas presiones, entre ellas la extracción de agua, las represas, los residuos agrícolas, las descargas urbanas y la presencia de especies introducidas que pueden desplazar a los peces nativos.

La investigación internacional ofrece una nueva forma de analizar estas situaciones. Los científicos elaboraron 225 mapas que permiten identificar qué actividades humanas representan mayores amenazas para diferentes grupos de especies. A diferencia de los estudios que observan únicamente la calidad o disponibilidad del agua, este trabajo considera también las condiciones que necesitan los animales para sobrevivir.

Los investigadores encontraron que la agricultura, las presas y el escurrimiento de sustancias utilizadas en el campo figuran entre las presiones más extendidas a nivel mundial. No obstante, los riesgos no son iguales para todos los animales: los anfibios y las libélulas resultan especialmente afectados por las actividades agrícolas, mientras que otros grupos enfrentan amenazas diferentes.

Aunque la investigación no presenta una evaluación específica de la situación actual del cachorrito de Julimes, sus resultados permiten comprender por qué la protección de los ecosistemas acuáticos requiere algo más que garantizar la presencia de agua. También es necesario conservar los manantiales, los cauces naturales y las condiciones que permiten vivir a las especies propias de cada región.

Para Chihuahua, donde existen peces que no habitan de manera natural en ningún otro lugar del mundo, esta diferencia es importante. La desaparición de uno de sus pequeños manantiales podría significar también la pérdida definitiva de especies que han evolucionado durante miles de años para vivir en esos espacios.

Agencias

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