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Un grupo de científicos logró reconstruir en laboratorio versiones de proteínas que habrían existido hace unos 160 millones de años y descubrió que algunas de ellas podían destruir bacterias peligrosas.


La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad de Oregón y publicada en PLOS Biology, utilizó una técnica conocida como reconstrucción de secuencias ancestrales. Con ella, los científicos compararon proteínas de especies actuales para estimar cómo pudieron haber sido sus versiones antiguas. 


El equipo analizó 376 secuencias de transferrinas, lactoferrinas y melanotransferrinas de distintos vertebrados. A partir de esa información reconstruyeron fragmentos de proteínas ancestrales y después los sintetizaron para probar su comportamiento frente a varias bacterias.  


Una de las moléculas estudiadas fue la lactoferricina, un pequeño péptido derivado de la lactoferrina, proteína presente en la leche, el calostro, las lágrimas y algunas células del sistema inmunitario.


Los investigadores probaron las versiones reconstruidas contra Pseudomonas aeruginosa, Escherichia coli, Staphylococcus aureus y Streptococcus agalactiae. Algunas mostraron una capacidad notable para reducir la cantidad de bacterias.  


En uno de los ensayos, una lactoferricina ancestral redujo aproximadamente mil veces las colonias de Pseudomonas aeruginosa después de 24 horas. Frente a Staphylococcus aureus, la disminución fue cercana a 100 mil veces. 


Los científicos también encontraron que cambios muy pequeños en la composición de estos péptidos podían modificar de manera importante su capacidad antimicrobiana. La sustitución de un solo aminoácido por arginina, por ejemplo, reforzó su efecto contra determinadas bacterias.


El estudio sugiere que la capacidad antimicrobiana comenzó a desarrollarse después de una duplicación genética ocurrida hace alrededor de 160 millones de años, durante la evolución de los ancestros de los mamíferos placentarios.


Sin embargo, los resultados no significan que estas proteínas puedan convertirse de inmediato en nuevos antibióticos. Los experimentos fueron realizados únicamente en laboratorio y todavía falta conocer cómo se comportarían dentro de un organismo. 


Los investigadores también aclaran que no se demostró específicamente que estas moléculas puedan eliminar superbacterias resistentes a múltiples antibióticos, ya que ese no fue el objetivo del estudio.


Más allá de una posible aplicación médica futura, el trabajo muestra que la información genética de los animales actuales puede utilizarse para reconstruir funciones biológicas que desaparecieron hace millones de años y conocer mejor cómo evolucionaron los mecanismos naturales de defensa contra microorganismos.

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