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A nueve meses de la elección de 2027, Chihuahua comienza a perfilar una contienda que, por ahora, tiene dos figuras mucho más visibles que el resto: Marco Bonilla por el PAN y Cruz Pérez Cuéllar por Morena. Ninguno está todavía registrado formalmente como candidato ante la autoridad electoral, pero políticamente ambos están colocados en la ruta hacia la gubernatura. Pérez Cuéllar ya fue nombrado coordinador estatal de la Defensa de la Transformación después del proceso de encuestas de Morena, mientras Bonilla es tratado dentro y fuera del PAN como su virtual abanderado y ha dicho públicamente que está listo para la contienda. 

No significa que Chihuahua tenga ya únicamente dos opciones. PRI, Movimiento Ciudadano y los aliados de Morena todavía tienen decisiones por tomar. Pero sí significa que Bonilla y Pérez Cuéllar empiezan varios meses antes con algo que los demás todavía buscan: estructura, conocimiento público, experiencia de gobierno y una narrativa ya construida.

Marco Bonilla llegará, si finalmente recibe la candidatura panista, con cinco años al frente de Chihuahua capital. Su administración ha colocado como cartas de presentación la inversión en infraestructura, seguridad, programas educativos y capacidad financiera municipal. En su quinto informe reportó, entre otras acciones, inversiones superiores a 350 millones de pesos en obras viales, nuevas unidades policiales y programas de becas y apoyos escolares. 

Su circunstancia política tiene otra característica: representa la continuidad del partido que actualmente gobierna Chihuahua. Eso le permite contar con una estructura estatal ya instalada, pero al mismo tiempo hace inevitable que parte de la evaluación ciudadana sobre el gobierno de Maru Campos termine acompañándolo durante la campaña. No solamente tendrá que defender su administración municipal; también tendrá que decidir qué tanto se acerca o se distancia de los resultados y pendientes de la administración estatal.

Además, algunos temas de su gobierno seguramente regresarán al debate. El nuevo relleno sanitario de Mápula, por ejemplo, sigue siendo un proyecto rodeado de litigios, discusiones ambientales y cuestionamientos políticos después de haber sido una de las principales apuestas de su administración. Para Bonilla, el reto político será trasladar una marca construida principalmente en Chihuahua capital hacia regiones con necesidades muy distintas, desde Juárez hasta la Sierra, el noroeste y la zona agrícola del centro-sur. 

Cruz Pérez Cuéllar llega desde el otro extremo del estado. Su principal plataforma es Ciudad Juárez, donde gobernó desde 2021 antes de solicitar licencia. Su administración ha basado buena parte de su discurso en obra pública, pavimentación, rehabilitación de escuelas, alumbrado y programas sociales. El propio gobierno municipal ha presentado esos cinco años como un periodo de fuerte inversión en infraestructura, mientras Pérez Cuéllar destaca que su administración realizó obra sin contratar nueva deuda municipal. 

Su primera tarea, sin embargo, comienza dentro de Morena. La competencia con la senadora con licencia Andrea Chávez fue intensa y dejó grupos claramente identificados alrededor de ambos proyectos. Pérez Cuéllar ganó la coordinación estatal, pero la dirigencia nacional hizo del llamado a la unidad uno de los temas centrales después de la definición. La capacidad de integrar a quienes apoyaron a Chávez, Martín Chaparro y Luis Carlos Arrieta será uno de los asuntos internos que acompañarán al partido durante los próximos meses. 

Cruz también tendrá que defender su gestión en Juárez frente a las críticas del PAN sobre seguridad, servicios y rezagos urbanos. A su favor político está haber gobernado la ciudad con mayor población del estado y conocer de primera mano la dinámica fronteriza; del otro lado está el desafío de convencer a regiones cuya agenda poco tiene que ver con Juárez. Él mismo ya ha reconocido que tendrá que hablar de agricultura, ganadería, minería, turismo, industria y desarrollo regional, y no limitar su proyecto a los resultados de la frontera.

También habrá dos relatos muy diferentes sobre experiencia política. El PAN seguramente insistirá en recordar que Pérez Cuéllar militó durante años en Acción Nacional, después pasó por Movimiento Ciudadano y finalmente llegó a Morena, que, por su parte, presenta esa trayectoria como una etapa superada y sostiene que desde su incorporación ha asumido su programa político. Esa discusión probablemente acompañará la campaña, aunque el juicio sobre lo que significa corresponderá finalmente al elector.

Y después están las alianzas, que podrían modificar bastante la fotografía. PAN y PRI ya comenzaron conversaciones. El dirigente nacional priista, Alejandro Moreno, incluso ha dicho que, si ambos partidos llegan a un acuerdo en Chihuahua y Bonilla encabeza la candidatura común, el PRI podría respaldarlo. Sin embargo, el presidente estatal del tricolor, Alejandro Domínguez, ha aclarado que todavía no existe un convenio firmado y que, si las negociaciones no prosperan, el PRI está dispuesto a competir por separado. 

Si el PRI va solo, dos nombres han aparecido recurrentemente en mediciones y conversaciones políticas: el cantante y diputado federal Antonio “Tony” Meléndez y el propio Alejandro Domínguez. Hasta ahora ninguno cuenta con una candidatura definida. En mediciones recientes, incluso cambia cuál aparece mejor colocado dependiendo de la empresa que realiza la encuesta, una señal de que el tricolor todavía tiene abierta esa discusión. 

Movimiento Ciudadano representa otra incógnita. Entre los nombres mencionados aparecen otra vez Alfredo “El Caballo” Lozoya y el diputado Francisco Sánchez, quien ha defendido públicamente que MC compita con candidatura propia, aunque desde otros espacios del partido se ha dejado abierta la posibilidad de diálogo y Bonilla ha confirmado acercamientos con dirigentes naranjas. No existe hasta ahora un acuerdo formal y cualquier alianza tendría que pasar por las decisiones nacionales del partido.

Del lado de Morena tampoco puede darse por terminada la negociación. El PT y el Partido Verde han sido sus aliados electorales, pero el proceso nacional para definir las gubernaturas produjo roces, especialmente con el PT, que reclamó no haber obtenido ninguna de las candidaturas que buscaba. En Chihuahua, por tanto, una cosa es que Pérez Cuéllar haya ganado la coordinación de Morena y otra que ya estén definidos todos los términos bajo los cuales competirían los tres partidos. 

Las encuestas tampoco permiten tratar la elección como un resultado anticipado. Una medición de MetaMetrics levantada del 14 al 16 de septiembre colocó en un escenario partidista a Morena-PT-PVEM con 42.5 por ciento, PAN con 30.2, PRI con 6.5 y MC con 4.7, mientras 16.1 por ciento eligió ninguna opción. Electoralia, en cambio, registró durante septiembre 34 por ciento para Morena, 29 para PAN, 7 para PRI, 6 para MC y un amplio 22 por ciento que todavía no sabía por quién votar. Las diferencias de metodología, fechas y forma de preguntar hacen que estos números sean fotografías del momento, no pronósticos.

Así empieza a dibujarse Chihuahua 2027: Bonilla tratando de convertir el modelo de la capital en una propuesta estatal y Pérez Cuéllar buscando hacer lo mismo con su experiencia fronteriza. Uno cargará inevitablemente con la evaluación de la continuidad panista; el otro tendrá que administrar la diversidad interna de Morena y defender los resultados de Juárez.

PRI y Movimiento Ciudadano todavía pueden decidir si amplían alguno de esos dos bloques o construyen opciones propias. PT y Verde tendrán que definir hasta dónde llega su acuerdo con Morena. Por eso, más que una elección decidida entre dos personas, lo que existe hoy son dos grandes polos alrededor de los cuales todavía se están acomodando las demás piezas.

Y quizá ahí esté el verdadero punto de partida de 2027: no solamente quién será Marco Bonilla frente a Cruz Pérez Cuéllar, sino qué coaliciones, qué gobiernos y qué resultados terminará representando cada uno, cuando llegue el momento de pedir el voto.

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