Detectar un dron pequeño en el cielo puede ser mucho más complicado de lo que parece, especialmente cuando vuela a baja altura o se mueve entre edificios, árboles, aves y otras interferencias.
Una revisión científica publicada en 2026 analizó 33 estudios sobre distintas tecnologías utilizadas para localizar estos dispositivos y concluyó que ningún sistema funciona de manera confiable en todas las condiciones.
Los radares pueden encontrar objetos a varios kilómetros de distancia, pero un dron pequeño devuelve poca energía y puede confundirse con aves u otros elementos. Sus hélices, sin embargo, generan patrones particulares que ayudan a distinguirlo de otros blancos.
Las cámaras visibles e infrarrojas también permiten reconocer formas y contrastes, aunque su eficacia puede disminuir durante la noche, con niebla, mala iluminación o cuando existen obstáculos. Los sistemas acústicos enfrentan problemas similares debido al viento, tráfico, maquinaria o multitudes.
Otra opción es detectar las señales de radio que intercambian algunos drones con sus controles. El problema aparece cuando se trata de equipos autónomos que no mantienen una comunicación activa, ya que en esos casos esta tecnología puede resultar poco útil.
Por ello, los especialistas consideran que la mejor estrategia es combinar varios sensores. Radar, cámaras, infrarrojos, micrófonos, radiofrecuencia y LiDAR pueden aportar información diferente sobre un mismo objeto y reducir las falsas alarmas.
La revisión señala que la combinación de radar con cámaras electroópticas e infrarrojas es actualmente una de las alternativas más desarrolladas, aunque tampoco es infalible. El reto no consiste únicamente en detectar algo en el cielo, sino en saber con suficiente certeza si realmente se trata de un dron.
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