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La sostenibilidad está dejando de verse únicamente como una obligación ambiental o regulatoria y comienza a ocupar un lugar central en las decisiones de negocio de distintas compañías.


Empresas como Acciona y Fluidra muestran que reducir emisiones, ahorrar agua o mejorar el uso de la energía también puede traducirse en menores costos, mejor manejo de riesgos y nuevas oportunidades de crecimiento.


Uno de los ejemplos es Acciona, que durante los últimos cinco años incrementó sus ventas 96 por ciento mientras logró reducir 18 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero.


La compañía atribuye parte de estos resultados a una mayor eficiencia, la sustitución de combustibles fósiles, la electrificación de sus operaciones y una mayor incorporación de energías renovables.


José Luis Blasco, director global de Sostenibilidad de Acciona, considera que el reto está en hacer compatibles los resultados financieros con los ambientales. “Cuando la cuenta de resultados y la regeneración del planeta se alinean, se producen transformaciones con impacto multiplicado”, explicó.


Otro caso es el de Fluidra, que participa en Barcelona en un proyecto para utilizar tecnología de gemelos digitales en centros deportivos. El sistema analiza datos sobre consumo de agua y energía, ocupación y condiciones meteorológicas para mejorar la operación.


Las estimaciones apuntan a que esta tecnología puede reducir entre 10 y 25 por ciento los costos operativos, principalmente mediante un uso más eficiente de los recursos.


Sin embargo, no todas las empresas avanzan al mismo ritmo. Especialistas advierten que muchas compañías comenzaron a aplicar políticas ambientales, sociales y de gobernanza, conocidas como ESG, principalmente por presión de reguladores e inversionistas.


El reto ahora es integrar esas prácticas a las decisiones de la alta dirección y no mantenerlas únicamente como una respuesta para cumplir requisitos externos.


Las pequeñas y medianas empresas enfrentan mayores dificultades debido a que generalmente disponen de menos recursos para invertir en programas de sostenibilidad, tecnología o personal especializado.


El escenario regulatorio también está cambiando. En Europa se han impulsado medidas para simplificar algunas obligaciones relacionadas con ESG, mientras en otras regiones existe una menor presión política alrededor de los compromisos ambientales.


Aun así, especialistas consideran que esto no necesariamente significará que las empresas abandonen sus inversiones sostenibles, ya que clientes, trabajadores e inversionistas continúan exigiendo información sobre riesgos climáticos, sociales y financieros.


Incluso ha comenzado a observarse un fenómeno en el que algunas compañías mantienen sus políticas ambientales, pero hablan menos públicamente de ellas debido al contexto político. Especialistas lo han descrito como una especie de “greenwashing a la inversa”.


Más allá de la comunicación, el cambio principal está en incorporar la sostenibilidad a áreas como inversión, financiamiento, innovación, gestión de riesgos y operación diaria.


El desafío para las empresas ya no será solamente explicar por qué destinan recursos a estas estrategias, sino demostrar si realmente les permiten ahorrar, reducir riesgos y mantenerse competitivas en un escenario de recursos más costosos y mayores exigencias ambientales y sociales.

 ExpokNews 

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