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Durante casi 90 años, un convenio internacional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) mantuvo una prohibición general para que las mujeres realizaran trabajos subterráneos en minas, una disposición que finalmente fue eliminada en 2024.


El Convenio número 45 de la OIT fue aprobado en 1935 y establecía que las mujeres no podían trabajar bajo tierra en explotaciones mineras, salvo algunas excepciones. La medida nació en una época en la que este tipo de restricciones eran presentadas como una forma de protección laboral.


La prohibición tenía antecedentes todavía más antiguos. Durante los siglos XIX y XX numerosos países limitaron el trabajo femenino en las minas bajo argumentos relacionados con la seguridad, el esfuerzo físico, la moralidad y la protección reproductiva. En Reino Unido, por ejemplo, una ley de 1842 restringió este tipo de trabajo, mientras que en Estados Unidos 17 estados mantenían prohibiciones estrictas para mujeres en minas subterráneas en 1932.


Sin embargo, con el paso de los años estas medidas comenzaron a ser cuestionadas porque, además de impedir el acceso a determinados trabajos, también limitaban oportunidades de obtener mejores salarios, capacitación técnica, afiliación sindical y ascensos laborales.


El cambio llegó el 6 de junio de 2024, cuando la 112 Conferencia Internacional del Trabajo acordó derogar formalmente el Convenio 45. La decisión recibió 410 votos a favor, siete en contra y siete abstenciones.  


La nueva visión busca sustituir las prohibiciones generales basadas en el sexo de las personas por medidas de seguridad aplicables a todos los trabajadores, tomando en cuenta los riesgos reales de cada actividad.


Aun así, las restricciones no han desaparecido por completo. Datos del Banco Mundial señalan que alrededor de una cuarta parte de las 190 economías analizadas todavía mantiene algún tipo de limitación legal al empleo femenino dentro de la minería.  


Incluso en los lugares donde las mujeres ya pueden trabajar legalmente en este sector, su presencia continúa siendo reducida. En Estados Unidos representaban aproximadamente entre 10 y 17 por ciento de la fuerza laboral minera, de acuerdo con cifras de 2021 citadas por especialistas en salud ocupacional.


El debate también se ha trasladado al equipo utilizado dentro de las minas. Durante décadas, cascos, arneses, guantes, uniformes, maquinaria e incluso instalaciones fueron diseñados principalmente tomando como referencia el cuerpo masculino.


Esto puede provocar problemas de seguridad cuando los equipos no se ajustan correctamente a las trabajadoras, por lo que especialistas plantean que la igualdad laboral también requiere adaptar herramientas, vestuarios, procedimientos de emergencia y sistemas de protección.


La historia, además, muestra que las mujeres han participado en actividades mineras desde mucho antes de la industrialización. Un estudio arqueológico publicado en 2025 analizó restos de dos mujeres de entre 30 y 40 años encontrados en una antigua zona de extracción de sílex en Chequia, con señales óseas compatibles con trabajos físicos intensos realizados hace unos 6 mil años.


El cambio impulsado por la OIT no significa reducir las medidas de protección dentro de las minas. La propuesta es que los riesgos se evalúen de acuerdo con factores concretos como polvo, ventilación, ruido, temperatura, maquinaria y condiciones de evacuación, sin utilizar el sexo de una persona como criterio automático para impedirle desempeñar una actividad.

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