Viajar al espacio no transforma de manera permanente el ADN humano, como algunas interpretaciones populares han sugerido. Lo que ocurre principalmente es un cambio temporal en la forma en que los genes se activan, se desactivan y se organizan dentro de las células.
Investigaciones realizadas con astronautas muestran que la microgravedad modifica la expresión genética y la estructura de la cromatina, es decir, la manera en que el ADN se encuentra empaquetado y disponible para ser utilizado por las células.
Uno de los estudios más conocidos es el realizado por la NASA con los gemelos Scott y Mark Kelly. Scott permaneció 340 días en la Estación Espacial Internacional, mientras su hermano permaneció en la Tierra para servir como punto de comparación.
Los resultados mostraron que 91.3 por ciento de los cambios detectados en la expresión de los genes de Scott regresaron a sus niveles normales durante los seis meses posteriores a su retorno. Una pequeña parte de las alteraciones persistió durante más tiempo.
Esto significa que el código genético básico no fue reescrito. Lo que cambió fue la manera en que determinadas partes de ese código eran utilizadas por el organismo para responder a un ambiente completamente diferente.
La microgravedad también modifica la estructura de las células. Al desaparecer buena parte de la carga mecánica provocada por la gravedad terrestre, cambia el citoesqueleto y también la forma del núcleo, lo que puede hacer que algunas regiones del ADN sean más o menos accesibles.
Otros estudios han mostrado que estas modificaciones pueden aparecer muy rápido. Durante la misión privada Inspiration4, que permaneció tres días en órbita, los investigadores encontraron amplios cambios moleculares relacionados con la reparación del ADN, la respuesta inmunitaria y la organización de la cromatina.
En esa misión se analizaron más de 70 mil regiones de cromatina accesible por muestra. Pese a las modificaciones observadas, la mayoría de los indicadores regresó posteriormente a condiciones similares a las registradas antes del vuelo.
Los científicos hacen además una diferencia importante entre los efectos de la microgravedad y los de la radiación cósmica.
Mientras la falta de gravedad modifica principalmente la regulación y actividad de los genes, la radiación ionizante sí puede provocar daños físicos en las cadenas del ADN y generar mutaciones.
El ambiente espacial incluye además otros factores que pueden influir en el organismo, como alteraciones del sueño, confinamiento, estrés, cambios en la alimentación y exposición a niveles de radiación distintos a los de la Tierra.
Comprender estos procesos será especialmente importante para futuras misiones de larga duración hacia la Luna y Marte, donde los astronautas podrían permanecer meses o incluso años lejos de las condiciones terrestres.
Las investigaciones buscan determinar hasta qué punto estas adaptaciones continúan siendo reversibles cuando aumenta el tiempo de exposición y qué medidas podrían utilizarse para proteger la salud de las tripulaciones.
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