¿Alguna vez has compartido una noticia que luego resultó ser falsa? No te sientas mal: tu cerebro te traicionó. Cada día, millones de personas caen en la misma trampa, no por falta de inteligencia o conocimientos, sino porque nuestro cerebro usa atajos que en internet se vuelven peligrosos.
Estos atajos tienen nombre: sesgos cognitivos, que son errores sistemáticos en nuestro pensamiento que distorsionan cómo procesamos la información y que, sin que lo notes, están guiando cada clic que das en tu pantalla.
La realidad de las personas se puede ver alterada al analizarla a través de estos sesgos, que generan una percepción inexacta de la información y una toma de decisiones racionalmente limitada.
Estos sesgos tienen múltiples desventajas con consecuencias en el consumo de noticias que, muchas veces, guían las decisiones sin ni siquiera notarlo: filtran información que podría ser útil, contribuyen a construir ilusiones para encontrar significados detrás de los eventos o hacen que las personas tomen decisiones importantes sin tener acceso a todos los datos que les permitirían tomar la mejor opción.
Aunque, de acuerdo con algunos autores, han sido identificados más de 100, aquí hay varios que pueden afectar tu consumo de noticias e información en internet:
Sesgo de confirmación
Este es uno de los más conocidos y difundidos, particularmente cuando se trata de hablar de polarización política. El sesgo de confirmación se puede definir como la tendencia a preferir información que confirma las propias creencias o ideas y a descartar aquella que no se ajusta a las ideas existentes.
Muchas veces, cuando se comparte desinformación (por ejemplo, a través de redes sociales con familiares), se está siendo víctima de este error cognitivo, pues si se observa una nota que corresponde con nuestras creencias preestablecidas, es menos probable que se dude de la información presentada y se dé por sentada la calidad de los datos o la buena voluntad del medio o fuente de comunicación que la difunde.
Por eso es menos probable que se verifique la información falsa antes de compartirla, lo que propaga la desinformación. No es un intento de tu tía por desinformar de manera deliberada, sino que cree genuinamente que es verdad porque quiere que sea verdad.
Sesgo de disponibilidad
El sesgo de disponibilidad se refiere a la sobreestimación de los riesgos fácilmente accesibles en la memoria o fáciles de recordar. Esto hace que las personas exageren la importancia de ciertos tipos de información, pues si algo es difícil de recordar, se asumirá que es menos probable que ocurra.
Los riesgos conocidos, como los accidentes que salen en medios de comunicación, tienden a preocupar más que aquellos que ocurren de manera más frecuente.
Un ejemplo ocurrió a inicios del 2025 cuando, luego del choque entre un avión de pasajeros y un helicóptero sobre el río Potomac cerca de Washington D.C., en Estados Unidos, se generó una ola de noticias sobre accidentes aéreos.
Esto causó que el 65% de la población estadounidense encuestada entre febrero y marzo respondieron que les preocupaba más volar ante los incidentes recientes, mientras que el 36% respondió que este miedo los llevó a tomar la decisión de cambiar sus planes.
Efecto de arrastre, falso consenso y sesgo de fuente
Estos tres sesgos suelen trabajar en equipo, especialmente en entornos digitales, creando una especie de «espejismo» que valida la desinformación a través de los demás.
Primero está el efecto de arrastre o bandwagon, que es la tendencia a respaldar una opinión solo porque parece que «todos» opinan lo mismo. Si se observa que un post tiene miles de interacciones, el cerebro humano asume por defecto que la información es cierta o valiosa, simplemente porque es popular.
Esto se conecta directamente con el sesgo de falso consenso, que hace creer que nuestras opiniones son mucho más comunes de lo que realmente son. En internet, se suele seguir a personas que piensan de manera similar por lo que se termina creyendo que «todo el mundo» está de acuerdo con una misma postura, la cual casualmente coincide con la nuestra, cuando en realidad se está dentro de una burbuja informativa que amplifica las propias ideas.
Finalmente, el sesgo de fuente es el que termina por convencernos. No evaluamos el dato, sino a quién lo dice. La noticia se acepta como verdadera si proviene de un círculo cercano, un familiar o un líder de opinión con el que existe simpatía, ahí el papel de los influencers.
Al confiar en la fuente, se omite la verificación del contenido. Así, una noticia se difunde por ser popular (arrastre), se percibe como la norma (falso consenso) y no se cuestiona debido al vínculo con quien la comparte (fuente).
Sesgo de anclaje
El anclaje se basa en la tendencia natural del ser humano a enfocarse excesivamente en la primera información que recibe, sin importar si esta es relevante o incluso correcta. Esa pieza inicial de datos se convierte en el «ancla» que condiciona cualquier juicio posterior sobre el tema.
Este sesgo tiene un mayor impacto cuando existe un desconocimiento profundo sobre un asunto de relevancia o gran interés público. Un ejemplo claro fue la desinformación difundida tras la supuesta detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos en enero de 2026.
Ante la escasez de información oficial inmediata, diversos actores aprovecharon para ocupar ese vacío informativo, estableciendo versiones falsas que quedaron grabadas como la primera referencia en la audiencia.
Efecto Dunning-Krueger
Por último, el efecto Dunning-Kruger, descrito por primera vez en 1999, se refiere a la tendencia de las personas inexpertas en un área a sobreestimar sus habilidades y creerse mucho más competentes de lo que realmente son.
Este sesgo usualmente tiende a ser interpretado de manera errónea. Alguien que no sabe absolutamente nada sobre un tema no se ve sujeto al efecto; sino que son aquellos que poseen un conocimiento limitado quienes tienden a tener una confianza excesiva en sus capacidades.
Para ejemplificar este efecto, imaginemos a dos personas que acaban de tomar su primera clase de guitarra:
Persona A (efecto Dunning-Kruger en acción): Después de aprender tres acordes básicos, dice a sus amigos que «básicamente ya sabe tocar guitarra» y que en un mes podría dar conciertos. Se siente super confiado porque puede tocar «Wonderwall» de Oasis.
Persona B (guitarrista con 15 años de experiencia): Cuando le preguntan qué tan bueno es, responde con modestia «me defiendo» o «todavía me falta mucho por aprender». Conoce técnicas avanzadas, teoría musical compleja y precisamente por eso, es consciente de todo el universo que aún no domina.
Una de las consecuencias inesperadas de la facilidad con la que se accede a la información en internet es que ahora las personas son capaces de publicar cualquier opinión en redes sociales sobre un tema en particular, sin las barreras tradicionales que permitían discriminar entre las opiniones fundamentadas de un experto y las de cualquiera que tiene la capacidad de expresarse.
En conclusión, los sesgos cognitivos no son defectos, son atajos que el cerebro usa para procesar información rápidamente. El problema es que en internet, donde todo se comparte en segundos, estos atajos pueden llevarnos a difundir desinformación sin querer.
No se trata de eliminarlos (eso es imposible) sino de reconocerlos cuando aparecen. Si una noticia confirma exactamente lo que ya pensabas, o si todos en tu círculo la están compartiendo, quizás valga la pena hacer una pausa y verificar antes de dar clic en «compartir».
Al final, ser conscientes de nuestros sesgos no solo nos ayuda a consumir mejor información, sino a contribuir a que haya menos desinformación circulando. Y eso, en un mundo saturado de noticias, ya es bastante.
Verificado Mx

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