Un estudio sobre peces acorazados que vivieron hace unos 385 millones de años reveló que estos animales desarrollaron distintas formas de romper y cortar a sus presas, con mandíbulas que funcionaban de manera comparable a prensas, cuchillas e incluso armas medievales.
La investigación analizó ocho especies de placodermos, un grupo de peces extintos que habitó los mares durante el Devónico. Los fósiles proceden de la Formación Gogo, en Australia Occidental, uno de los yacimientos paleontológicos más importantes de ese periodo.
Los científicos reconstruyeron en tres dimensiones las mandíbulas inferiores y estudiaron su resistencia, forma y capacidad para soportar diferentes tipos de fuerza.
Los resultados mostraron que no todos los animales resolvían de la misma manera el problema de alimentarse de presas duras o protegidas por caparazones.
Algunas especies pequeñas tenían mandíbulas rígidas y superficies relativamente planas, lo que les habría permitido introducir presas pequeñas en la boca y aplastarlas como si se tratara de una prensa.
En cambio, uno de los ejemplares de mayor tamaño, identificado como Kimberleyichthys, presentaba una mandíbula de unos 71 milímetros, resistente y con una superficie de mordida mucho más compleja.
Los investigadores compararon este diseño con armas medievales utilizadas para atravesar armaduras, como martillos de guerra o hachas, ya que concentraba la fuerza en puntos pequeños para perforar y fragmentar presas demasiado grandes para tragarlas enteras.
Otras especies presentaban bordes más cortantes y mandíbulas menos robustas, características que podrían haber servido para cortar tejidos blandos o llevar una dieta más variada.
El estudio concluye que el tamaño del depredador, por sí solo, no explicaba cómo procesaba sus alimentos. También era importante la relación entre el tamaño de su boca y el de la presa.
Los autores aclaran que la forma de las mandíbulas permite saber qué tipo de alimento podían procesar, pero no reconstruir con certeza qué comía cada especie todos los días.
El hallazgo ayuda a entender mejor cómo los primeros vertebrados con mandíbula fueron desarrollando distintas estrategias para aprovechar los recursos disponibles en los antiguos arrecifes del Devónico.
La investigación fue publicada en Scientific Reports y muestra que, hace cientos de millones de años, la evolución ya había producido diferentes “herramientas” para morder, aplastar y perforar.
Muy Interesante

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