El regreso a clases después de las vacaciones puede provocar en los adolescentes un desajuste de horarios que dificulta dormir temprano, levantarse por la mañana y recuperar el ritmo escolar.
A este fenómeno se le ha comenzado a llamar “jetlag de septiembre”, aunque no se trata de un diagnóstico médico. El término describe el cambio brusco entre los horarios relajados del verano y las obligaciones que regresan con el inicio del curso.
Durante la adolescencia, además, el reloj biológico suele retrasarse y el organismo comienza a producir melatonina más tarde. Esto hace que muchos jóvenes no sientan sueño temprano, aun cuando saben que deberán madrugar al día siguiente.
La American Academy of Sleep Medicine recomienda que los adolescentes de entre 13 y 18 años duerman regularmente entre ocho y 10 horas cada noche. Sin embargo, acostarse tarde y levantarse temprano puede reducir considerablemente ese tiempo.
El problema suele hacerse más evidente después de vacaciones, cuando durante varias semanas se modifican las horas para dormir, despertar, comer y utilizar dispositivos electrónicos.
Para recuperar la rutina, especialistas recomiendan evitar cambios demasiado bruscos. En lugar de pasar de levantarse a las 11:00 horas durante las vacaciones a hacerlo a las 07:00 de un día para otro, puede resultar más efectivo adelantar gradualmente los horarios.
Una opción es modificar la hora de dormir y despertar en periodos de entre 15 y 30 minutos, hasta alcanzar nuevamente el horario necesario para asistir a clases.
El teléfono celular también puede convertirse en un obstáculo. Las pantallas pueden prolongar el tiempo que los adolescentes permanecen despiertos y mantenerlos activos cuando deberían comenzar a relajarse.
Por ello, una alternativa es acordar que el celular permanezca fuera de la habitación entre 30 y 60 minutos antes de dormir, en lugar de convertir su uso nocturno en una discusión permanente entre padres e hijos.
La adaptación no tiene el mismo ritmo para todos. Algunos adolescentes pueden recuperar sus horarios en pocos días, mientras que otros pueden necesitar varias semanas.
Cuando los problemas para dormir persisten, existe somnolencia intensa durante el día, aparecen ronquidos importantes, pausas respiratorias o cambios marcados en el rendimiento escolar y el estado de ánimo, se recomienda buscar una valoración profesional.
La clave, de acuerdo con especialistas, está en recuperar poco a poco la regularidad del sueño y comprender que las dificultades para levantarse temprano no siempre son resultado de falta de voluntad o disciplina.
Ser Padres.

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