La responsabilidad social empresarial comienza a enfrentar un nuevo desafío: demostrar que sus programas pueden generar resultados que continúen incluso años después de que una compañía deje de financiarlos.
La llamada RSE generacional propone dejar atrás la lógica de acciones aisladas o donaciones de corto plazo y concentrarse en proyectos capaces de modificar condiciones estructurales dentro de las comunidades.
Bajo este enfoque, el éxito no se mide únicamente por cuánto dinero invierte una empresa o cuántas personas participan en una actividad, sino por lo que ocurre después. La pregunta pasa de ser “¿qué hicimos?” a conocer qué cambió realmente y cuánto tiempo se mantuvo ese beneficio.
Uno de los riesgos de las estrategias tradicionales es que las compañías elijan causas principalmente por la visibilidad que pueden generar. Esto puede derivar en programas que cambian cada año, poca continuidad, falta de seguimiento y dependencia de los apoyos empresariales.
Como ejemplo de una estrategia de largo plazo aparece Rally to Read, programa impulsado por Ford en Sudáfrica junto con Read Educational Trust, que lleva 28 años trabajando con escuelas de comunidades desfavorecidas para fortalecer la lectura y la escritura.
Desde 2019, la iniciativa ha entregado más de 35 mil libros en 32 escuelas de Mpumalanga, Cabo Oriental y Gauteng. Además, ha trabajado con más de 550 docentes y 14 auxiliares para incorporar estos materiales a los procesos educativos.
La diferencia, de acuerdo con el análisis, está en que el programa no se limita a entregar libros, sino que busca fortalecer capacidades en maestros y comunidades para que el trabajo pueda continuar independientemente de la presencia de la empresa.
Este tipo de proyectos también obliga a cambiar la manera de medir resultados. En lugar de contabilizar únicamente beneficiarios, voluntarios u horas de trabajo, una estrategia de largo plazo puede analizar permanencia escolar, conclusión de estudios, ingreso a la universidad, empleabilidad o mejoras económicas.
El reto es que muchos de estos resultados pueden tardar cinco, diez o incluso 20 años en hacerse visibles. También resulta complicado determinar cuánto de ese cambio corresponde directamente al programa empresarial.
Para las compañías, otro punto clave es trabajar con organizaciones y personas que permanezcan dentro de las comunidades, de manera que el conocimiento y las herramientas adquiridas no desaparezcan cuando termina el financiamiento.
La estrategia también puede ayudar a reducir prácticas de social washing, ya que obliga a las empresas a demostrar resultados concretos y no únicamente a comunicar buenas intenciones.
La RSE generacional no implica que todos los programas deban mantenerse durante décadas. Una emergencia puede requerir una respuesta inmediata, mientras que problemas como las brechas educativas necesitan intervenciones mucho más prolongadas.
La principal medida de éxito, por tanto, no sería cuánto tiempo permaneció visible una empresa, sino qué quedó funcionando después de su salida y si los beneficios pudieron transmitirse a nuevas generaciones.
ExpokNews.

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