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 Por Juan Becerra Acosta.- En1959, el entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, fundó mediante un decreto la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg), con el objetivo de elaborar, editar, imprimir y distribuir libros de apoyo educativo para la primaria en todo el país. El proyecto fue impulsado por Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública en aquel sexenio, ante la necesidad de garantizar el derecho a la educación, uno de los pendientes de la Revolución Mexicana. 

A inicios de 1960 se entregaron los primeros libros de texto gratuitos; sus portadas tenían obras de arte nacionalista, como la imagen de La Patria, de Jorge González Camarena. Niñas y niños estudiaban y jugaban al lado de representaciones de heroínas y héroes nacionales mediante la interpretación que de ellos construyeron distintas corrientes artísticas. Durante el periodo neoliberal, el principio revolucionario de garantizar la educación como un derecho se perdió frente al negocio con que una encopetada corte de funcionarios y editores se llenó los bolsillos de dinero. 

La Conaliteg se desvió de su misión educativa para convertirse en un negocio privado. La contratación de empresas surtidoras de papel y de maquila o imprenta implicó la adjudicación directa a una industria que obtuvo miles de millones de pesos sin siquiera cumplir con los procesos legales de consulta ni la aprobación de los planes de estudio. Creció la brecha entre la educación privada y la pública; no se superaron las desigualdades y las mejores oportunidades educativas se concentraron en poblaciones con mayores recursos, es decir, en las minorías. 

Hubo crecimiento exponencial de la educación privada, en particular a nivel superior, al ser escuelas de paga las que atendían a 35 por ciento de la matrícula universitaria. El modelo educativo se centró en generar ingresos, en ser un negocio; la pedagogía pasó a un segundo término.

Durante el último año de los gobiernos neoliberales en México, el país ocupó el penúltimo lugar en la prueba PISA 2018 con puntajes muy por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en matemáticas y ciencias. Con la llegada al gobierno de la Cuarta Transformación se reformó el modelo educativo mediante la Nueva Escuela Mexicana, que coloca al estudiante al centro del proceso educativo e involucra no sólo a los alumnos, sino también a maestros, padres de familia y a la comunidad en el proceso de enseñanza. Una respuesta para combatir la exclusión y evitar que las diferencias culturales se conviertan en desigualdades. 

Se modificaron los libros de texto bajo una visión crítica y comunitaria, proyecto que estuvo a cargo de Marx Arriaga como director general de Materiales Educativos, y que en su momento atendió varios pendientes, entre ellos posicionar a los maestros como actores centrales en la educación, incentivar habilidades creativas, visibilizar las brechas sociales y reconocer las diversidades sociales. Ello implicó un primer pero no único paso, uno de muchos que deben darse, que no estuvo exento de errores que deben corregirse. 

Es necesario que los libros de texto sean dinámicos, que se actualicen, lo que responde a la evolución de la sociedad, al impacto acelerado de la tecnología; permite adaptar el contenido a las necesidades de aprendizaje de los alumnos y a los nuevos planes de estudio, y fundamental, eliminar errores y garantizar una enseñanza sin sesgos. En 2024, la mayoría del pueblo de México decidió dar continuidad al proyecto de la 4T, iniciar su segundo piso. Mandató que Claudia Sheinbaum sea la primera mujer presidenta de la nación. Es tiempo de mujeres en un país muy distinto al que era en 2018. 

El nuevo gobierno y el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, propusieron actualizaciones a los libros para corregir errores e incluir nuevos temas, entre ellos lenguas indígenas y el papel fundamental de las mujeres en la historia. Marx Arriaga se negó. Se le informó que no seguía en el puesto, se le ofreció otro encargo; se designó a Nadia López, pedagoga y poeta, como encargada de la dirección de Materiales Educativos y Arriaga se atrincheró cuatro días en una oficina que no es suya. 

Pretende ampararse en el obradorismo, pero ni lo entiende ni lo promueve, sino que intenta en el absurdo acomodarlo a sus delirantes intenciones. No hay manera en la que alguien defienda al obradorismo al tiempo en que trata de hacer daño al proyecto que continúa lo que fundó. Se asume Marx Arriaga como dueño de la transformación, cuando la auténtica esencia del movimiento reside en la revolución de las conciencias del pueblo de México. Atrincherado en el mareo de su soberbia, busca provocar un enfrentamiento y con ello victimizarse, cuando el único victimario al que se enfrenta es a él mismo

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