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Ciudad de México.- Aunque parezca difícil de creer, la Universidad de Oxford, una de las instituciones educativas más reconocidas del mundo, comenzó a impartir clases mucho antes de que los mexicas fundaran Tenochtitlan, la ciudad que se convertiría en el centro del poderoso Imperio azteca.


De acuerdo con los registros históricos de la propia universidad, en Oxford, Inglaterra, ya existían actividades de enseñanza desde el año 1096, mientras que la fundación de México-Tenochtitlan se sitúa tradicionalmente en 1325.


Esto significa que cuando los mexicas comenzaron a construir su ciudad sobre una isla del lago de Texcoco, en lo que actualmente es la Ciudad de México, en Oxford ya se enseñaba desde hacía aproximadamente 229 años.


La diferencia resulta todavía más sorprendente si se considera que, cuando Hernán Cortés llegó a Tenochtitlan en 1519, la institución inglesa acumulaba más de cuatro siglos de historia educativa.


Sin embargo, existe un detalle importante. Oxford no tiene una fecha exacta de fundación, ya que comenzó como una comunidad de maestros y estudiantes que fue creciendo hasta convertirse en una universidad organizada.


Su desarrollo se aceleró a partir de 1167, cuando el rey Enrique II de Inglaterra prohibió a los estudiantes ingleses acudir a la Universidad de París, situación que favoreció el crecimiento de la enseñanza en Oxford.


Por otro lado, la historia de los mexicas es distinta. Aunque Tenochtitlan fue fundada en 1325, el Imperio azteca como organización política surgió posteriormente, en 1428, cuando Tenochtitlan, Texcoco y Tlacopan formaron la llamada Triple Alianza.


A partir de entonces, los mexicas ampliaron su dominio sobre buena parte del centro de Mesoamérica y construyeron una de las organizaciones políticas y militares más importantes del continente antes de la llegada de los españoles.


Esta comparación no significa que las culturas indígenas de México sean más recientes que las instituciones europeas, pues en Mesoamérica existieron civilizaciones mucho más antiguas, como la olmeca, que se desarrolló miles de años antes.


Lo interesante es que dos acontecimientos que normalmente imaginamos pertenecientes a épocas muy diferentes ocurrieron con apenas unos siglos de separación.


La historia de Oxford y del Imperio azteca demuestra que las grandes civilizaciones e instituciones no siempre aparecieron en el orden que solemos imaginar, y que muchas de ellas se desarrollaron al mismo tiempo en distintas partes del mundo.

Muy Interesante

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