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Ciudad de México.- La inteligencia artificial (IA) podría transformar millones de empleos en los próximos años sin provocar necesariamente una ola de despidos masivos. Sin embargo, especialistas advierten que su expansión también representa un riesgo para los salarios y la distribución de la riqueza, especialmente si las empresas concentran los beneficios económicos de esta tecnología.

De acuerdo con expertos, basado en información de El País y opiniones de especialistas internacionales, el principal cambio que ya comienza a observarse no es la desaparición de puestos de trabajo, sino la modificación de las actividades que realizan los empleados.


El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que la inteligencia artificial tendrá algún tipo de impacto en alrededor del 60 por ciento de los empleos de las economías avanzadas. Aunque existen proyecciones que advierten sobre posibles aumentos del desempleo hacia 2030, los expertos señalan que estos escenarios no son inevitables.


El economista Simon Johnson, ganador del Premio Nobel y profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), considera que la IA está cambiando principalmente la forma de trabajar, en lugar de provocar hasta ahora una eliminación generalizada de empleos.


Algunos estudios incluso muestran resultados favorables. Según datos citados en el análisis, durante 2025 la adopción de inteligencia artificial en Estados Unidos habría contribuido a crear alrededor de un millón de puestos de trabajo, frente a unos 200 mil eliminados.


Asimismo, una investigación de la Universidad de Stanford, basada en ofertas laborales de 41 países, encontró que las empresas con mayor utilización de inteligencia artificial incrementaron sus plantillas laborales en un 3.3 por ciento.


No obstante, los especialistas advierten que el aumento de la productividad no garantiza mejores salarios para los trabajadores.


El economista Daron Acemoglu, también ganador del Premio Nobel, señala que uno de los principales riesgos consiste en que las empresas obtengan mayores ganancias mediante la automatización, mientras los empleados reciben una proporción cada vez menor de los ingresos generados.


Esta situación podría ampliar la distancia entre los trabajadores altamente remunerados y quienes ocupan puestos de menor nivel, profundizando las desigualdades económicas que ya existen.


Los jóvenes también podrían enfrentar dificultades adicionales para encontrar su primer empleo, debido a que algunas tareas administrativas y de oficina que tradicionalmente realizaban los trabajadores recién contratados ahora pueden desarrollarse mediante herramientas automatizadas.


Los expertos explican que una empresa podría mantener estable su número de empleados y, al mismo tiempo, reducir la contratación de nuevos trabajadores, limitando las oportunidades para quienes buscan incorporarse al mercado laboral.


Otro de los posibles cambios está relacionado con la duración de las jornadas. La socióloga Juliet Schor, de Boston College, plantea que las ganancias de productividad podrían aprovecharse para reducir las horas de trabajo e incluso avanzar hacia semanas laborales de cuatro días.


Sin embargo, esta posibilidad dependerá de las decisiones de las empresas y de las condiciones laborales que establezcan los gobiernos.


Ante este panorama, los especialistas consideran necesario impulsar programas de capacitación continua que permitan a los empleados adaptarse a las nuevas herramientas tecnológicas y desarrollar habilidades que complementen el uso de la inteligencia artificial.


También proponen que las empresas utilicen la automatización para disminuir tareas repetitivas y permitir que sus trabajadores se concentren en actividades creativas, productivas y que requieren criterio humano.


De igual manera, señalan la importancia de proteger las oportunidades laborales de los jóvenes, mejorar las condiciones salariales y fortalecer las medidas de apoyo para quienes resulten afectados por los cambios tecnológicos.


La principal preocupación es que la inteligencia artificial permita producir más bienes y servicios con menos esfuerzo, pero que esa riqueza termine concentrándose en pocas empresas y no se refleje en mejores condiciones de vida para la mayoría de los trabajadores.


Por ello, los especialistas coinciden en que el futuro del empleo no dependerá únicamente del avance de la tecnología, sino también de las decisiones que adopten gobiernos y empresas para distribuir sus beneficios y evitar que aumente la desigualdad.

ExpokNews 

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