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Ciudad de México.- Un beso transmitido por televisión en 1968 se convirtió en uno de los momentos más recordados de la lucha contra la discriminación racial en Estados Unidos. La escena ocurrió en la serie de ciencia ficción Star Trek, cuando el capitán James Kirk y la teniente Nyota Uhura protagonizaron un encuentro que desafió las convenciones sociales de aquella época.

El episodio, titulado Los hijastros de Platón (Plato's Stepchildren), se transmitió el 22 de noviembre de 1968 por la cadena NBC y mostró a los personajes interpretados por William Shatner y Nichelle Nichols, una actriz afroamericana, besándose frente a millones de espectadores.

Aunque durante años se ha señalado como el primer beso interracial de la televisión estadounidense, existen antecedentes anteriores. Sin embargo, su importancia histórica radica en la enorme repercusión que tuvo en una sociedad donde las relaciones entre personas de diferentes razas todavía enfrentaban fuertes prejuicios.

La escena formaba parte de una historia en la que varios extraterrestres utilizaban sus poderes telequinéticos para controlar la voluntad de los tripulantes de la nave Enterprise, obligando a Kirk y Uhura a besarse contra su voluntad.

A pesar de tratarse de una situación ficticia, los productores temían que el momento provocara rechazo entre los espectadores, especialmente en los estados del sur de Estados Unidos, donde la segregación racial había marcado durante décadas la vida cotidiana.

La preocupación llegó hasta los directivos de NBC, quienes solicitaron grabar una versión alternativa de la escena sin el beso para utilizarla en caso de que algunas estaciones se negaran a transmitir el episodio.

Sin embargo, de acuerdo con los relatos sobre la producción, William Shatner y Nichelle Nichols hicieron que las tomas alternativas no resultaran útiles, por lo que finalmente se conservó la escena original.

El episodio se transmitió apenas un año después de que la Corte Suprema estadounidense declarara inconstitucionales las leyes que prohibían los matrimonios interraciales, mediante una resolución que representó un avance importante para los derechos civiles.

Detrás de aquel momento también estuvo la historia personal de Nichelle Nichols, quien estuvo a punto de abandonar Star Trek después de su primera temporada, en 1966, para dedicarse al teatro musical y buscar oportunidades en Broadway.

La actriz cambió de opinión después de conocer al defensor de los derechos civiles Martin Luther King Jr., durante un encuentro en Beverly Hills.

King le explicó que su participación en la serie tenía una importancia mucho mayor de la que imaginaba, porque mostraba a una mujer afroamericana como una profesional inteligente, preparada y capaz de ocupar un puesto relevante en una misión espacial.

También le comentó que Star Trek era uno de los pocos programas que él y su esposa permitían ver a sus hijos fuera de su horario habitual, precisamente por la manera en que presentaba una sociedad donde personas de distintos orígenes podían trabajar juntas.

Aquella conversación convenció a Nichols de permanecer en la producción, donde su personaje se convirtió en un referente de representación racial y abrió camino para otras actrices afroamericanas en la televisión.

La escena entre Kirk y Uhura tampoco fue el primer beso entre personas de diferentes razas que apareció en una pantalla. En 1962, la televisión británica había transmitido uno en la obra You in Your Small Corner, mientras que en 1967 el cantante Sammy Davis Jr. besó en la mejilla a Nancy Sinatra durante un especial televisivo.

Incluso Star Trek había presentado anteriormente un beso entre William Shatner y la actriz BarBara Luna, de ascendencia filipina y húngara, en un episodio de 1967.

A pesar de estos antecedentes, el encuentro entre Kirk y Uhura se convirtió en una de las imágenes más reconocidas de la historia televisiva por su impacto cultural y por demostrar que una serie de entretenimiento también podía cuestionar los prejuicios de su tiempo.

Más de cinco décadas después, aquel beso continúa recordándose como un símbolo de inclusión y representación, además de uno de los momentos en los que la ciencia ficción ayudó a imaginar una sociedad menos dividida por las diferencias raciales.

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