Una investigación matemática puso en duda una de las explicaciones más repetidas sobre el Partenón de Atenas: que sus arquitectos modificaron deliberadamente columnas, líneas y proporciones para corregir defectos de la percepción humana.
El estudio fue realizado por Alain Goriely, matemático de la Universidad de Oxford, y publicado en Royal Society Open Science. Su análisis no cuestiona que el templo tenga curvaturas e inclinaciones intencionales, sino la idea de que fueron diseñadas específicamente para engañar al ojo.
El Partenón fue construido entre 447 y 432 antes de Cristo por los arquitectos Ictino y Calícrates. Aunque a simple vista parece perfectamente regular, varias de sus partes presentan pequeñas desviaciones geométricas.
El estilóbato, la plataforma sobre la que descansan las columnas, se eleva ligeramente hacia el centro. Los fustes también presentan un pequeño ensanchamiento y las columnas situadas en las esquinas no tienen exactamente las mismas dimensiones que las demás.
Durante siglos se ha explicado que estas modificaciones servían para compensar ilusiones visuales. Una de las ideas más conocidas sostiene que una plataforma totalmente horizontal podría parecer hundida en el centro y que, por ese motivo, los constructores introdujeron una curvatura ascendente.
Sin embargo, Goriely revisó las bases científicas de esta explicación y encontró que no existe evidencia experimental suficiente para demostrar que esos supuestos efectos visuales ocurran de la forma que tradicionalmente se ha afirmado.
Una parte importante del problema es histórica. La explicación de las llamadas correcciones ópticas no procede directamente de los constructores del Partenón.
El arquitecto romano Vitruvio escribió sobre este tipo de refinamientos aproximadamente cuatro siglos después de la construcción del templo. Sus ideas adquirieron posteriormente gran influencia y volvieron a difundirse con fuerza durante el Renacimiento.
En el siglo XIX, el arquitecto y arqueólogo Francis Cranmer Penrose realizó mediciones muy precisas que demostraron que varias de las irregularidades del Partenón eran intencionales.
El nuevo estudio señala, sin embargo, que demostrar que una desviación fue construida deliberadamente no permite saber automáticamente cuál era su finalidad.
Goriely analizó matemáticamente la curvatura del estilóbato, que en el perfil estudiado presenta una elevación cercana a seis centímetros.
Sus cálculos indican que, bajo determinadas condiciones, el ojo humano puede detectar curvaturas extremadamente pequeñas. Esto significa que la forma del estilóbato podría ser visible desde algunos puntos, algo difícil de conciliar con la idea de que fue diseñada para parecer completamente recta.
El investigador también estudió ilusiones visuales conocidas, como la ilusión de Hering, en la que líneas rectas pueden parecer curvas por la presencia de otras líneas alrededor.
La geometría del Partenón, sin embargo, no reproduce de manera clara las condiciones necesarias para producir ese efecto.
Otro problema es que un edificio puede observarse desde múltiples posiciones. Una corrección óptica calculada para una determinada distancia difícilmente produciría el mismo efecto en una persona situada a cinco, 20 o 50 metros.
La investigación también revisó la llamada entasis, el ligero abombamiento que presentan las columnas.
Tradicionalmente se ha afirmado que este recurso evita que una columna recta parezca cóncava. Sin embargo, Goriely señala que no existen pruebas experimentales sólidas que confirmen esa explicación.
El abombamiento estudiado es de alrededor de 18 milímetros, una diferencia extremadamente pequeña y difícil de percibir desde las distancias habituales de observación.
Algo similar ocurre con las columnas de las esquinas, que son ligeramente más gruesas. Una explicación histórica sostiene que fueron ensanchadas porque, al verse contra un fondo luminoso, podrían parecer más delgadas.
El nuevo análisis tampoco encontró evidencia suficiente para asegurar que esa fuera realmente la intención de los arquitectos.
El estudio no ofrece una explicación definitiva sobre por qué los antiguos griegos introdujeron estas modificaciones.
Entre las posibilidades se encuentran razones estéticas, técnicas, estructurales o relacionadas con el propio proceso de construcción, pero ninguna ha sido demostrada de manera concluyente.
La investigación no resta sofisticación al Partenón, considerado una de las grandes obras de la arquitectura clásica. Más bien devuelve al debate una pregunta que durante siglos parecía resuelta.
Las curvas, inclinaciones y variaciones existen y fueron realizadas con una enorme precisión. Lo que ahora vuelve a estar en discusión es para qué fueron creadas realmente.
Muy Interesante

Hola, déjenos un comentario