Australia.- Unas pequeñas depresiones casi imperceptibles en la llanura de Nullarbor, al sur de Australia, resultaron ser señales de enormes sistemas de cuevas que se encuentran ocultos a decenas de metros bajo la superficie.
Un equipo internacional de investigadores estudió cinco de estas formaciones y concluyó que no corresponden a antiguos cauces de ríos, como se pensaba, sino a huellas producidas por el colapso progresivo de profundas cavidades subterráneas. El estudio fue publicado en Communications Earth & Environment.
La llanura de Nullarbor es una gigantesca plataforma de roca caliza que cubre más de 200 mil kilómetros cuadrados. Su superficie es tan plana que las depresiones pueden pasar prácticamente inadvertidas.
Algunas de estas marcas superan los 20 kilómetros de longitud y tienen entre 100 y 500 metros de ancho, aunque generalmente no alcanzan los nueve metros de profundidad. Una de ellas, denominada Yangoonabie, se extiende aproximadamente 28 kilómetros.
Para estudiar lo que se encontraba debajo, los científicos utilizaron modelos digitales del terreno, tomografía de resistividad eléctrica, mediciones sísmicas y análisis de los sedimentos.
Los resultados mostraron zonas de roca fracturada y materiales menos compactos que se prolongan mucho más allá de la superficie. Algunas mediciones alcanzaron entre 30 y 70 metros de profundidad sin llegar al final de estas estructuras.
Además, las depresiones no presentan las características propias de antiguos ríos. No forman redes de drenaje, algunas comienzan y terminan abruptamente y carecen de afluentes o áreas donde pudiera haberse acumulado agua suficiente para formar grandes cauces.
La explicación propuesta es que las cuevas comenzaron a formarse hace millones de años, probablemente durante el Oligoceno y principios del Mioceno, cuando el agua subterránea circulaba por las rocas calizas y fue creando amplios conductos.
Con el descenso posterior del nivel del agua subterránea, muchas cavidades quedaron vacías y sus techos comenzaron a perder estabilidad. Los derrumbes avanzaron lentamente hacia arriba hasta provocar las depresiones que actualmente pueden observarse en la superficie.
En Nullarbor existen cuevas superficiales ubicadas a menos de 30 metros y otras mucho más profundas que pueden encontrarse entre 50 y 150 metros bajo tierra. Algunas contienen pasajes de cientos de metros de longitud y decenas de metros de ancho.
Uno de los ejemplos utilizados por los investigadores es Cocklebiddy Cave, situada a unos 100 metros de profundidad y con una extensión aproximada de seis kilómetros. Su existencia demuestra que grandes cavidades pueden permanecer ocultas sin producir señales evidentes en la superficie.
El hallazgo también podría tener aplicaciones fuera de la Tierra. Los científicos consideran que las discretas marcas observadas en Australia pueden servir como referencia para identificar posibles cuevas en Marte y otros cuerpos rocosos.
Estas estructuras resultan especialmente interesantes para la exploración planetaria porque podrían ofrecer protección frente a la radiación y los cambios extremos de temperatura, además de conservar materiales antiguos que ayuden a estudiar la historia geológica de otros mundos.
La investigación muestra que algunas de las estructuras subterráneas más grandes pueden permanecer ocultas bajo paisajes aparentemente planos y que una ligera depresión de apenas unos metros puede ser la señal visible de una enorme red de cuevas formada millones de años atrás.
Muy Interesante

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