La luz que sale de la Tierra tarda años, siglos o incluso milenios en recorrer el espacio. Por eso, un observador hipotético situado en un planeta lejano no vería nuestro mundo como es hoy, sino como era cuando esa luz comenzó su viaje.
Un ejercicio basado en las distancias registradas en el Archivo de Exoplanetas de la NASA muestra qué momento de la historia terrestre podría estar llegando actualmente a distintos mundos situados fuera del Sistema Solar. La comparación incluye 12 exoplanetas confirmados considerados potencialmente habitables o ubicados dentro de la llamada zona habitable.
El ejemplo más cercano es Proxima Centauri b, situado a unos 4.24 años luz. Desde allí, la luz que llegaría actualmente correspondería aproximadamente a la Tierra de 2022, cuando el mundo todavía enfrentaba las consecuencias de la pandemia de COVID-19 y el telescopio James Webb comenzaba sus operaciones científicas.
A unos 106 años luz se encuentra LP 890-9 c. Un supuesto observador en ese planeta estaría recibiendo imágenes de alrededor de 1920, cuando Europa comenzaba a recuperarse de la Primera Guerra Mundial y figuras como Virginia Woolf desarrollaban parte de su obra.
La distancia aumenta todavía más el salto al pasado. Desde Kepler-186 f, ubicado a unos 579 años luz, la Tierra aparecería como era hacia 1447, antes de la llegada de Cristóbal Colón a América. En ese momento, Tenochtitlan se encontraba bajo el gobierno de Moctezuma I y el Imperio inca comenzaba su expansión.
Kepler-442 b, localizado a unos mil 194 años luz, recibiría actualmente luz terrestre correspondiente aproximadamente al año 832, durante la dinastía Tang en China y una época en la que Bagdad era uno de los grandes centros del conocimiento científico.
Desde Kepler-1701 b, a cerca de mil 905 años luz, la imagen de nuestro planeta correspondería al año 121, cuando el Imperio romano se encontraba bajo el gobierno de Adriano.
Los casos más lejanos de la lista retroceden hasta la Grecia arcaica. Kepler-1090 b, situado a unos 2 mil 801 años luz, recibiría ahora luz emitida alrededor del 775 antes de nuestra era, prácticamente en la época tradicionalmente asociada con el inicio de los antiguos Juegos Olímpicos.
El ejercicio no significa que estos planetas estén habitados ni que posibles civilizaciones pudieran observar personas, ciudades o acontecimientos con detalle. La idea sirve para explicar una característica fundamental del universo: mirar a grandes distancias también significa mirar hacia el pasado.
En otras palabras, cada momento de la historia terrestre continúa viajando por el espacio en forma de luz. Mientras en la Tierra vivimos el presente, desde distintos puntos de la galaxia todavía estaría llegando la imagen de épocas que para nosotros terminaron hace siglos o milenios.
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