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Un nuevo estudio de casi 300 mil kilómetros de antiguas calzadas romanas está cambiando la imagen tradicional de una red de caminos organizada principalmente alrededor de Roma. El análisis muestra que la capital era el centro político del Imperio, pero no necesariamente el punto más importante para los desplazamientos terrestres.


La investigación, publicada en Nature Communications, analizó 299 mil 171 kilómetros de caminos distribuidos por Europa, el norte de África y Oriente Próximo. Para ello, los especialistas utilizaron Itiner-e, una de las bases de datos digitales más detalladas sobre la red viaria romana. 


El objetivo fue estudiar las carreteras no como trazos aislados en un mapa, sino como una enorme red utilizada durante siglos para trasladar personas, mercancías, animales, ejércitos e ideas a través del Imperio.


Uno de los primeros resultados permitió comprobar que los romanos construían caminos relativamente rectos cuando el terreno lo permitía, aunque no tanto como suele imaginarse.


En zonas llanas de Europa occidental, el norte de África, el valle del Po, Anatolia central y Siria predominaban los recorridos directos. En regiones montañosas, en cambio, las rutas seguían valles, pendientes y pasos naturales.


De los caminos estudiados, alrededor del 90.6 por ciento tenía pendientes máximas inferiores al 16 por ciento, lo que habría permitido el tránsito de carros y otros vehículos de ruedas.


Los ingenieros romanos también modificaban el terreno cuando era necesario. Construían cortes en las montañas, terrazas, estructuras de contención e incluso túneles para facilitar el paso.


El análisis encontró además que las principales carreteras actuales son, en promedio, ligeramente más rectas que las romanas. La diferencia se explica por la capacidad de la ingeniería moderna para construir grandes túneles, puentes y viaductos que permiten atravesar obstáculos naturales.


Sin embargo, el resultado más llamativo apareció cuando los investigadores analizaron qué lugares eran realmente fundamentales dentro de la red.


El modelo reconstruido cuenta con 10 mil 516 puntos o nodos y 14 mil 901 conexiones. Al estudiar las rutas más eficientes entre distintas regiones, Roma no apareció como un centro terrestre inevitable.


Su ubicación en medio de una península larga y estrecha limitaba su capacidad para funcionar como enlace entre todas las regiones del Imperio. Otras ciudades contaban con posiciones geográficas más estratégicas.


Bizancio, por ejemplo, conectaba Europa y Asia a través del Bósforo, mientras que Antioquía tenía una posición fundamental en Oriente. Corinto y Ancyra también desempeñaban funciones importantes dentro de sus respectivas regiones. 


Las capitales provinciales fueron especialmente relevantes. De las 45 analizadas, 24 quedaron dentro de los dos niveles superiores de centralidad de la red, lo que indica que funcionaban como puntos importantes para conectar distintas zonas.


Los investigadores también encontraron grandes corredores de comunicación alrededor del Mediterráneo y a lo largo de accidentes naturales como los valles de los ríos Po, Rin y Danubio.


Esto sugiere que la red romana no fue diseñada simplemente como una enorme telaraña con Roma en el centro. Cada región tenía necesidades distintas y los caminos respondían a factores militares, económicos, administrativos y geográficos.


En Egipto, por ejemplo, el río Nilo era fundamental para el transporte, mientras que en otras regiones el Mediterráneo servía como la principal ruta para los desplazamientos de larga distancia.


Precisamente por ello, los autores advierten que estudiar únicamente los caminos terrestres no permite reconstruir toda la movilidad dentro del Imperio. Para obtener una imagen completa también sería necesario incluir las rutas marítimas y fluviales.


El estudio confirmó además que existía una jerarquía entre las calzadas. En 40 de las 43 provincias donde fue posible comparar caminos principales y secundarios, las vías consideradas principales desempeñaban un papel más importante para conectar distintos puntos.


Otro de los hallazgos muestra que la huella de aquella infraestructura todavía puede observarse en la actualidad.


Los investigadores encontraron una correlación de 0.46 entre la distribución de las calzadas romanas y las principales carreteras modernas. Esto no significa que las autopistas actuales estén construidas directamente sobre antiguas vías romanas, sino que muchos de los mismos corredores naturales continúan siendo útiles dos mil años después. 


Valles, pasos de montaña y zonas costeras que facilitaron el transporte durante la Antigüedad siguen condicionando la construcción de carreteras actuales.


También se registraron importantes diferencias. La densidad de caminos aumentó considerablemente alrededor de las principales zonas urbanas e industriales de Europa occidental, como el norte de Italia, Gran Bretaña y la cuenca del Rin y el Mosa.


En contraste, regiones que tuvieron una importante red terrestre durante el periodo romano, como algunas partes de Grecia, Asia Menor y el norte de África, presentan actualmente una menor densidad de grandes carreteras.


Los autores reconocen que la reconstrucción todavía tiene limitaciones. La información arqueológica disponible es mucho más completa en algunas regiones que en otras, por lo que el mapa romano utilizado no representa necesariamente todos los caminos que existieron.


Aun con estas limitaciones, el análisis permite observar la red viaria romana con una perspectiva diferente. Roma fue el corazón político de uno de los mayores imperios de la Antigüedad, pero sus caminos respondían en gran medida a las necesidades y condiciones de cada territorio.


La investigación muestra así que la conocida frase de que “todos los caminos conducen a Roma” funciona mejor como expresión popular que como descripción literal de la infraestructura romana. Muchos caminos tenían otros destinos y algunos de aquellos corredores continúan influyendo, dos mil años después, en la forma en que nos desplazamos.

Muy Interesante 

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