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Por Aída María Holguín Baeza.- Sin duda alguna, el Segundo Debate Presidencial fue un evento inédito en México porque, por primera vez, hubo público presente y “participativo” que tuvo la oportunidad de interactuar con los cuatro aspirantes presidenciales que permanecen en la contienda.

Otra de las novedades en el formato de los debates presidenciales, es el papel activo que ahora desempeñan los moderadores. Aunque se trata de una innovación que le ha quitado lo acartonado a los debates, ha resultado bastante molesta porque el protagonismo de los moderadores puede (como ya sucedió) entorpecer el debate.

En ese sentido, es necesario que el INE tome en cuenta que, tal y como lo señaló -en su momento- el periodista Jim Lehrer, un debate debe tener el único propósito de facilitar el intercambio de ideas directamente entre los candidatos.

Y es que es precisamente en el intercambio de ideas entre los candidatos donde debe centrarse el análisis y la reflexión de los electores.

A pesar de que ya es el segundo debate, los cuatro candidatos siguen dejando mucho que desear. Sí fue evidente que Ricardo Anaya está bien preparado y que Meade tiene mucha experiencia; no obstante, la preparación y la experiencia, por sí solas, no garantizan un buen gobierno. Por su parte, López Obrador intervino como ya es su costumbre: evasivo y a la defensiva.

De Jaime Rodríguez sería mejor no hablar, pero es necesario hacerlo. Luego del debate del domingo, quedó muy claro que El Bronco está apostando todo a su actuación como bufón; y aunque no causa mucha gracia, hay que reconocer que su participación fue, la mayoría de las veces, mejor (y eso ya es mucho decir) que la de Amlo.

El caso es que solo queda pendiente un debate presidencial y, por lo tanto, una oportunidad para que los cuatro candidatos (o los que lleguen) se comporten a la altura de las circunstancias. Eso de los constantes ataques, los mutuos y tontos calificativos y los chistoretes (sin chiste) ya está muy anticuado. Lo de hoy, lo de hoy, es elevar el nivel de los debates porque el pueblo así lo demanda.

Finalizo en esta ocasión citando lo dicho por la joven empresaria británica, Ruzwana Bashir: “El poder del debate real está en el lenguaje y la honestidad intelectual de los debatientes, junto con el compromiso de los espectadores”.

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