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Chihuahua, Chih.- ¡Qué contraste, entre la reacción inicial, de desplegar una numerosa fuerza policíaca, de usar el laboratorio móvil, y hasta el helicóptero, con lo que sucedió 15 días después, cuando ya estaban olvidados completamente el crimen y el criminal!
Es el crimen perfecto, que nunca se va a resolver, y no porque haya sido un caso especialmente difícil, sino porque las víctimas, además de pobres en extremo, eran, son, indígenas rarámuris. Y mujeres, por añadidura.

El 25 de diciembre del 2005, dos hermanas, de 19 y de 35 años, fueron llevadas a despoblado, con engaños, por un tipo que les ofreció trabajo. Fueron violadas y golpeadas inmisericordemente con pesadas piedras por su captor; una de ellas murió, en tanto que la segunda sobrevivió al ataque.

El individuo las dejó tiradas, dándolas por muertas.

Tras la movilización policíaca, que duró dos días hasta que fue localizado el cuerpo de la difunta, y hasta que fueron interrogados varios individuos, el 8 de enero siguiente, hubo menos de una quincena de trabajo de investigación. Después del día 8 de enero del 2006, ya nadie prosiguió con el caso, sólo se publicó el 9 una nota escueta en los periódicos, y no se asignó a ningún agente investigador.

El caso, para fines prácticos, está cerrado. Cerrado y olvidado.

La tragedia inició, como ya se dijo, el 25 de diciembre del 2005, cuando las dos hermanas de 19 y 35 años de edad, de la raza rarámuri, fueron engañadas por un sujeto al que ellas describieron como alto, de tez morena clara, nariz grande, quien vestía pantalón blanco, chamarra de mezclilla y llevaba cachucha color rojo. De acuerdo a la sobreviviente, Donaciana Espinoza Olivas, de 19 años, el hombre, al que conocieron en la Plaza de Armas, a un lado de la Catedral, y quien no les dio su nombre, las invitó a trabajar a Aldama. Sin desconfiar de las intenciones de quien las abordó de manera muy amable, aceptaron ellas el trabajo, ya que Donaciana Espinoza había venido de su natal Agua Amarilla, en Guadalupe y Calvo, para unirse a su hermana María Elena, quien laboraba como empleada doméstica.

Acompañaron al hombre, y con él tomaron el camión que cubre la ruta de Chihuahua a Aldama. Eran minutos antes de las cuatro de la tarde.

En la carretera a Aldama, a la altura del cerrito con la estatua con un león, el sujeto las bajó y las condujo a pie por veredas con rumbo al río Chuvíscar y caminaron como unos 15 minutos, rumbo al sur, hacia los terrenos bajos donde hay unas cribas y donde se extraen materiales de construcción. Según el testimonio de Donaciana, todo parecía que transcurría de manera normal. Caminaban, pero de pronto el tipo comenzó forcejear con su hermana María Elena.

La menor de las hermanas trató de impedir que el hombre abusara de su hermana, y fue así que recibió varios golpes en la cara y la cabeza de parte del desconocido, y quedó inconsciente. Momentos después recuperó ella el sentido y se dio cuenta de que estaba desnuda de la cintura hacia abajo, y de que el tipo estaba abusando sexualmente de su hermana.

Asustada, salió corriendo para huir del lugar.

Pero estaba entumida y a punto de quedar paralizada de hipotermia por haber quedado semidesnuda. Comenzó a caminar sin saber a dónde, porque no conocía el lugar. Iba descalza, sin falda, pero logró llegar hasta el distribuidor vial de la avenida 20 de Noviembre y Lombardo Toledano, en donde los automovilistas la vieron y pidieron apoyo a la Policía Municipal.

La joven fue internada en el Hospital General, donde permaneció todo el día siguiente, en observación porque los médicos temieron que presentara fracturas en el cráneo a consecuencia de los golpes que recibió.

En la búsqueda participaron numerosos agentes en patrullas, intervino un helicóptero oficial, y agentes a pie auxiliados con un perro policía.

Entre lo que recordó Donaciana, los tres brincaron una cerca y, cuando llegaron al Chuvíscar, en un lugar donde había montones de material, el sujeto les dijo que traía una pistola y, acto seguido, las tomó de los cabellos, las desnudó, las violó a las dos y luego comenzó a golpearlas.

Ella perdió el conocimiento.

Desorientada, la sobreviviente dio cuenta contradictoria de su desventura, ya que en su versión, ella también fue atacada sexualmente, en tanto que la Procuraduría aseguró que no. Ella más o menos despertó como a las diez de la noche, que en invierno es muy tarde, y dijo que vio a su hermana desnuda y ensangrentada, y que comenzó a caminar por el arroyo en busca de ayuda. En el camino ella cree que se desmayó en tres ocasiones, y que, en un calvario que se le ha de haber figurado como el mismísimo infierno, fue hasta las 7 y media de la mañana cuando logró llegar a un domicilio.

¿Quién atacó a estas dos mujeres y mató a una de ellas?

Nunca se supo, y nunca se sabrá. Pero ¿por qué?

Porque las víctimas, además de pobres en extremo, eran, son, indígenas rarámuris. Y mujeres, por añadidura.

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