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Washington y Nueva York. Legisladores aliados del presidente, Donald Trump se enfilaron en apoyo al secuestro estadunidense del mandatario venezolano Nicolás Maduro, pero más notable fue la oposición de varios conservadores prominentes que cuestionaron el propósito de la acción militar mientras fluyeron condenas de la acción de legisladores demócratas y progresistas por todo Estados Unidos.

Las protestas no frenarán y menos revertirán las acción militares unilaterales de Trump, pero sí revelan las fisuras dentro de la base política del presidente como también la creciente irrelevancia del Congreso de Estados Unidos, que ha abdicado en gran medida su deber constitucional para determinar y autorizar las guerras y acciones bélicas de Estados Unidos, tal como marca la ley.

El senador republicano Rand Paul se sumó a sus colegas demócratas Tim Kaine, Adam Schiff y el líder de la minoría demócrata Chuck Schumer este sábado en declarar que exigirán un voto en el pleno del Senado la próxima semana para bloquear acciones militares adicionales en Venezuela. Paul también se sumó a los diputados republicanos conservadores Thomas Massie y la ex diputada y figura conservadora influyente Marjorie Taylor Greene en condenar la acción ordenada por su presidente.

Aunque la medida probablemente no podrá prosperar en ambas cámaras del Congreso, registrará la oposición de un segmento significativo de la bancada del partido del presidente, junto con una mayoría de los demócratas.

Más aún, la acción militar unilateral de un presidente que criticó la invasión de Irak y presionó a favor de un retiro de las fuerzas armadas de Afganistán, criticando intervenciones en el pasado por presidentes republicanos y demócratas, todo parte de un compromiso con sus simpatizantes de evitar repetir esos ejemplos, demuestra una contradicción clave entre sus bases e incluso algunos de sus aliados políticos más cercanos. El vicepresidente J.D. Vance, el comentarista conservador muy influyente Tucker Carlson y hasta el propio hijo mayor del presidente, Donald junior, han criticado este tipo de iniciativas bélicas en el pasado (aún no comentan sobre esta).

Del otro lado dentro de ese mismo circuito político íntimo de Trump están el secretario de Estado, Marco Rubio, el subjefe de gabinete Stephen Miller y el llamado zar anti-terrorista Sebastian Gorka, quienes han favorecido - y participaron en la plantación - de este tipo de acción contra Venezuela. Y el propio Rubio dejó claro este sábado que prefiere que esto no se limite sólo a Venezuela. “Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría un poquito preocupado”, dijo Rubio.

Pero Elliot Abrams, uno de los neoconservadores más famosos en Washington expresó preocupación este sábado de que después de capturar a Maduro y su esposa, Trump podría dejar en el poder a los chavistas. “Mi temor no es de que ellos lucharon contra un nuevo gobierno. Mi temor es que ahora Estados Unidos intentará hacer algunos acuerdos con esa gente”, comentó Abrams a CBS News. Abrams, quien fue penalmente condenado por su papel en canalizar asistencia estadunidense ilegal a la contra nicaragüense hace 50 años, esta públicamente cabildeando a Trump para que instale a María Corina Machado como presidenta.

Por otro lado, críticos progresistas prominentes de la política estadunidense hacia América Latina dicen que se debería de tomar en serio la palabra de Trump de que su intención es dominar política y militarmente a todo el hemisferio, “Venezuela es sólo el primer paso. Marco Rubio, el secretario de Estado, oriundo del sur de Florida, cuya propia familia no es ajena al narcotráfico, ve esto en términos muy ideológicos. Él es cubano. Y por la razón que sea, ven a Venezuela como el primer paso hacia el objetivo de derrocar finalmente la Revolución Cubana y traer a Cuba de vuelta a la órbita de Estados Unidos”, comentó Greg Grandin, historiador Premio Pulitzer y profesor de historia en la Universidad de Yale.

Mientras tanto, las voces de legisladores liberales y hasta de un nuevo alcalde se sumaron a un coro de protesta. El recién electo alcalde socialista democrático de Nueva York repudió la acción. “Unilateralmente atacando una nación soberana es un acto de guerra y una violación de la ley federal e internacional”, declaró Zhoran Kwame Mamdani. “Esta búsqueda descarada de cambio de régimen no sólo afecta a aquellos en el extranjero, directamente impacta a neoyorquinos, incluyendo a decenas de miles de venezolanos que llaman hogar a este ciudad”.

Los diputados federales Joaquin Castro, Jim McGovern y Jesus “Chuy” Garcia se sumaron al coro de críticos. “Condenó enérgicamente los ataques de Trump y la operación de cambio de régimen en Venezuela, que llevó a cabo sin consultar al Congreso y en violación del derecho internacional”, declaró Garcia. “Las acciones de Trump no detendrán el tráfico de fentanilo, ya que Venezuela no lo produce. En cambio, en una muestra imperialista de control hemisférico, las acciones de Trump abren las puertas a su propio enriquecimiento y al de sus donantes de la industria petrolera”.

Por otro lado, la central obrera nacional AFL-CIO, representando a 13 millones de agremiados, declaró en sus redes sociales que “nos sumamos a la comunidad internacional de trabajadores en condenar las acciones inconstitucionales del presidente Trump en Venezuela”.

Manifestaciones se realizaron en varios puntos del país. Varios cientos de manifestantes desafiaron el frío de Washington para expresar su repudio de la acción frente a la Casa Blanca. En Nueva York, otro grupo de manifestantes corearon “manos fuera de Venezuela” en Times Square. Otras protestas más fueron realizadas en San Francisco y la parte sur de California, Chicago y Milwaukee.

El senador demócrata de mayor rango en el Comité sobre Fuerzas Armadas, Jack Reed, dijo que “la historia ofrece ninguna escasez de advertencias sobre los costos - humanos, estratégicos y morales - de suponer que podemos gobernar a otra nación por la fuerza”.

LA JORNADA

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