Por Víctor Quintana.- Aunque la temperatura esté a menos 23 grados Celsius. Aunque las calles estén congeladas y las aceras llenas de nieve, Mineápolis está en el sur. Como también lo están desde hace varios meses Chicago, Nueva York, Nueva Orleans, Seattle, Los Ángeles y muchas otras ciudades estadunidenses. Los asesinatos de Renee Good, primero, y luego el de Alex Jeffrey Pretti, el sábado pasado, encendieron un vigoroso y digno movimiento social en Estados Unidos.
Las resistencias de la gente de todas esas ciudades y de muchas otras a lo largo de Estados Unidos. La solidaridad con los migrantes y las personas “sospechosas” por su color o por su acento, la indignación que invade Estados Unidos, más fuerte e intensa que la onda polar, colocan en el Sur Global a estas personas y comunidades que protestan y demandan justicia y respeto. Nos referimos a ese espacio no necesariamente geográfico, sino, y sobre todo, social, donde se sufre la dominación en sus diversas formas: explotación, sexismo, colonialismo, discriminación, imperialismo. Pero también ese espacio donde se resiste, se combate, se sueña, se construyen solidaridades, nuevas identidades, nuevas formas de relacionarse, nuevos mundos posibles.
El epicentro del movimiento es Mineápolis, en el estado de Minnesota, tierra de los pueblos originarios dakota (sioux) y ojibwe, la que fue la Nueva Tierra (película de Jan Troell, 1972) para muchos migrantes del empobrecido norte de Europa en el siglo XIX. Los descendientes de unos y de otros son quienes ahora defienden a los migrantes somalíes, afroamericanos, latinos y de otras latitudes. Varios miembros de la tribu sioux han sido detenidos e interrogados por el ICE por el sólo hecho de parecer extranjeros. Se preguntan dónde los pueden deportar si ellos viven en estas planicies desde siempre.
Abajo, en los barrios, el activismo hierve en las ateridas calles de Mineápolis. No sólo se protesta, se organiza, se protege. Hay comisiones de “observadores constitucionales” que hacen uso de sus derechos para vigilar el accionar de los agentes del ICE, los siguen, advierten de su presencia en los vecindarios mediante redes sociales, silbatos, claxonazos.
Patrullan las calles, atienden a quienes son heridos, avisan a las familias de las personas detenidas. Organizaron la huelga general del viernes 23 y están convocando otra para este viernes. Son muy diversos los sectores que se suman al movimiento: en el aeropuerto de Mineápolis-Saint Paul, un centenar de clérigos de las comunidades católica, bautista, luterana, judía y unitaria universalista oraban y protestaban contra el ICE y contra las aerolíneas Delta y Signature por prestarse al traslado de migrantes deportados. Luego también fueron arrestados por la Gestapo de Trump. Enfermeras y enfermeros de todo el país demuestran su inconformidad con el ICE y su admiración por la entrega de Alex Pretti a su labor de cuidados intensivos. En la Catedral de Santa María, centenas de fieles y clérigos se reúnen para rendir homenaje a la más reciente víctima de la Gestapo de Trump.
Aquí se derrotó electoralmente a Trump en 2016, 2020 y 2024 y se ha elegido un gobernador que lo confronta y un alcalde que grita sin miedo: “¿Cuánta más gente tiene que morir para que salga el ICE?”. No son los únicos políticos que se suman al movimiento actual: el mismo candidato a gobernador del Partido Republicano Chris Madel acaba de renunciar a las primarias de su partido.
En el Capitolio de Washington y en otros capitolios estatales se suman más personalidades políticas condenando al ICE y la política represora de Trump: el nieto de John F. Kennedy, la congresista Alejandra Ocasio-Cortez, ni qué decir del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, y el infaltable senador por Vermont Bernie Sanders.
La hegemonía del discurso trumpiano se va desmoronando. Lo critica, lo interpela en sus intervenciones públicas un creciente número de personalidades del mundo del espectáculo, como el rockero Bruce Springsteen; actores y actrices como Natalie Portman, Richard Gere, Whoppi Goldberg, Glen Close. Edward Norton, desde el festival de Sundance, condena las ejecuciones extrajudiciales del ICE, y las voces críticas en la entrega de los Globos de Oro seguramente tendrán eco en la entrega de los Oscar. La Fraternidad de Jugadores de la NBA decide romper el silencio y solidarizarse con la gente de Mineápolis, “…una ciudad que ha sido la vanguardia en la lucha contra la injusticia”; se manifiesta en defensa de la libertad de expresión y reconoce el enriquecimiento que los ciudadanos globales han aportado a Estados Unidos.
Como los basquetbolistas indican, no se trata sólo de protesta. La gente de todos los niveles está poniendo al frente nuevos valores en este amplio y diverso movimiento: la solidaridad, la libertad, el derecho a la diferencia, la ayuda mutua, el cuidado de los demás, la rendición de cuentas, el respeto al debido proceso, los derechos humanos.
Las luces del norte se están encendiendo desde el Sur Global. Parece que los sacrificios de las Renee Good, de los Alexis Pretti, van a florecer, así sea entre la nieve.

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