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Aunque hoy solo tengamos dos ojos, no siempre fue así a lo largo de la evolución. Un nuevo hallazgo fósil en China ha revelado que algunos de los vertebrados más antiguos poseían no dos, sino cuatro ojos funcionales, capaces de formar imágenes. Estos animales, conocidos como myllokunmingids, vivieron en los mares del Cámbrico hace más de 500 millones de años. Ahora, gracias a tecnologías de análisis químico de alta precisión, los investigadores han descubierto que sus ojos centrales no eran simples órganos fotosensibles, sino verdaderos ojos tipo cámara, similares a los que usamos hoy para ver el mundo.

El estudio, liderado por científicos de la Universidad de Yunnan y publicado como preprint en Research Square, aporta pruebas físicas de que los myllokunmingids tenían una pareja de ojos laterales y otra en la parte media superior de la cabeza. Estas estructuras no solo compartían características con los ojos modernos, sino que podrían representar una fase clave en la evolución del sistema visual de los vertebrados, incluyendo el origen del llamado "tercer ojo" o complejo pineal.


Un fósil que obliga a revisar la evolución visual

Los fósiles examinados proceden de la biota de Chengjiang, una formación excepcionalmente bien conservada en la provincia de Yunnan, al sur de China. Allí, los investigadores analizaron diez especímenes de dos especies diferentes de myllokunmingids, entre ellas Haikouichthys ercaicunensis, considerados entre los primeros vertebrados conocidos.

En todos los ejemplares se observaban claramente cuatro manchas oscuras en la parte anterior del cuerpo, interpretadas tradicionalmente como dos ojos y dos sacos nasales. Pero el nuevo análisis químico y estructural ha demostrado que esas manchas centrales no son narices primitivas, sino que presentan melanosomas—estructuras portadoras de melanina características de las retinas—y, lo más llamativo, una lente en su interior.

Según los autores, “en ambas especies de myllokunmingids, el complejo pineal contiene abundantes melanosomas con melanina, idénticos a los que aparecen en el epitelio pigmentario de la retina de los ojos laterales, y una estructura ovoide distintiva que se interpreta como una lente”.


Tecnologías que ven lo que el ojo no puede

Este avance fue posible gracias al uso de técnicas sofisticadas como la espectroscopía Raman, la espectroscopía de fotoelectrones de rayos X (XPS), la microscopía electrónica de barrido (SEM), la microscopía electrónica de transmisión (TEM) y la espectrometría de masas de iones secundarios por tiempo de vuelo (ToF-SIMS). Estas herramientas permitieron detectar la firma química de la melanina en los ojos centrales, reforzando su interpretación como órganos visuales verdaderos.

Uno de los elementos más sólidos del hallazgo fue la presencia de estructuras ovoides con relieve, que los investigadores interpretan como lentes por su forma, tamaño y ubicación. En ambos tipos de ojos, lateral y central, se encontraron estos componentes duros que podrían haber enfocado luz sobre una retina primitiva.

La estructura del ojo se conserva en el fósil como una impresión con volumen, lo que indica que se trataba de un tejido resistente a la descomposición. Esto sugiere que estas lentes desplazaron el resto de los tejidos durante el proceso de fosilización. La similitud con ojos modernos es clara: "Interpretamos esta estructura ovoide como una lente ocular por su forma, tamaño y posición".


Un tercer ojo… ¿y un cuarto?

En algunos vertebrados actuales, como ciertos reptiles, existe un “ojo parietal” o “tercer ojo”, una estructura fotosensible situada en la parte superior del cráneo, relacionada con la glándula pineal, que regula ritmos circadianos. En mamíferos, este órgano perdió su capacidad de formar imágenes y se convirtió en una glándula neuroendocrina sensible a la luz. Pero en estos peces fósiles, los órganos medianos no eran sensores simples: estaban diseñados para formar imágenes reales.

El artículo propone que estos peces tenían cuatro ojos con funciones similares, lo que respalda la hipótesis de que los componentes del sistema pineal actual evolucionaron a partir de órganos visuales completos. Como explican los autores, “proponemos que cuatro ojos tipo cámara son una característica ancestral de los vertebrados, lo que corrobora las hipótesis sobre la profunda homología entre los ojos y el complejo pineal”.

Este hallazgo encaja con la teoría del "tercer ojo", que sugiere que el complejo pineal habría evolucionado por degradación progresiva a partir de un ojo funcional. En este caso, lo sorprendente es que no solo habría existido un tercer ojo, sino una cuarta estructura visual completamente operativa.


El entorno impulsa la evolución de los sentidos

Durante el Cámbrico, los mares eran hábitats turbulentos, con nuevos depredadores y una biodiversidad explosiva. Los myllokunmingids, pequeños peces sin mandíbulas, probablemente eran presas frecuentes. Tener más ojos les habría ayudado a detectar peligros y escapar de depredadores visuales más rápidos o grandes, como los radiodontes o los chaetognatos.

Según los autores, “la presencia de cuatro ojos en vertebrados primitivos, probablemente adaptados a diferentes campos visuales, encajaría con una función orientada a la navegación y evasión de amenazas en el Cámbrico”. En otras palabras, estos ojos adicionales no serían una rareza sin función, sino una adaptación eficaz en un ecosistema altamente competitivo.

En los vertebrados modernos, la visión es fundamental para la supervivencia. Este estudio muestra que ese papel ya era clave hace más de 500 millones de años. Y también sugiere que algunos rasgos que hoy consideramos simples accesorios anatómicos, como la glándula pineal, podrían tener un origen mucho más activo y complejo de lo que se creía.


Una reconstrucción del sistema visual más antiguo

El estudio no solo ofrece una nueva interpretación anatómica, sino también una reconstrucción evolutiva del sistema visual de los vertebrados. En el árbol evolutivo propuesto por los autores (Figura 4 del artículo), los myllokunmingidsaparecen como uno de los puntos de partida para una línea evolutiva en la que los cuatro ojos se reducen progresivamente.

En fósiles posteriores como Euphanerops o Sacabambaspis, ya se observan señales de simplificación del complejo pineal. En algunos casos, este se conserva como una apertura, en otros como una membrana translúcida, pero sin función visual definida. El camino lleva, finalmente, a los vertebrados actuales, donde la función visual de los ojos centrales ha desaparecido, quedando solo la función hormonal.

Así, los resultados de este trabajo permiten ubicar un punto de inflexión clave: un momento en la historia evolutiva en que los vertebrados pasaron de tener cuatro ojos capaces de ver, a un sistema visual más especializado y centrado en la percepción lateral del entorno.

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