0

 Por Simón Vargas Aguilar.- El agua es el recurso más preciado para la vida, la agricultura y la economía, pero enfrenta una crisis sin precedentes no sólo en nuestro país sino en el mundo; el cambio climático, el crecimiento poblacional, la sobrexplotación y la deficiente infraestructura sin planeación han convertido la escasez en una amenaza real que pone en riesgo la seguridad alimentaria, la salud pública y el desarrollo económico. 

Hay que reconocer que, en México, esta problemática se agrava por sequías prolongadas, uso ineficiente y desperdicio, particularmente en ciudades clave y en el sector agrícola, que representa un amplio porcentaje del consumo nacional de agua dulce.

Un estudio clave que ilustra la magnitud del problema es el informe del World Resources Institute (WRI) basado en el Aqueduct Water Risk Atlas; de acuerdo con este análisis, 25 países enfrentan un estrés hídrico extremadamente alto anualmente, utilizando más de 80 por ciento de su suministro renovable de agua para usos domésticos, agrícolas e industriales. 

Estos países albergan a una cuarta parte de la población mundial y es que al menos 50 por ciento de la población mundial (unos 4 mil millones de personas) vive en condiciones de alto estrés hídrico durante al menos un mes al año.

La demanda global de agua se ha más que duplicado desde 1960 y se proyecta un aumento adicional de 20-25 por ciento para 2050. 

Incluso se debe contemplar que 60 por ciento de la agricultura irrigada mundialmente está en zonas de estrés extremo, afectando cultivos clave como maíz, trigo, arroz y caña de azúcar. Lamentablemente, países como México figuran entre los afectados, con riesgos que podrían exponer hasta 31 por ciento del PIB derivado del estrés hídrico.

Varios países han atendido exitosamente esta problemática mediante innovación y políticas integrales. Singapur, con alta densidad poblacional y escasos recursos naturales, satisface parte de su demanda con recolección máxima de agua de lluvia y reutilización avanzada de aguas residuales; por su parte Australia ha invertido en desalinización, recolección de lluvia y políticas de uso racional para enfrentar sequías extremas. 

Sin embargo, Israel es el caso más inspirador, y es que en un país árido con recursos limitados, ha transformado la escasez en abundancia mediante avances tecnológicos masivos. Produce alrededor de 50 por ciento o más de su agua potable mediante desalinización de agua de mar y salobre, principalmente con tecnología de ósmosis inversa en plantas; además usa energía renovable y gas natural para minimizar impactos ambientales, incorporando tratamientos avanzados para eliminar microplásticos y residuos. 

Sin embargo, su mayor logro es la reutilización ya que trata y reutiliza cerca de 90 por ciento de sus aguas residuales (el porcentaje más alto del mundo), principalmente para riego agrícola ya que más de 80-85 por ciento del agua agrícola proviene de reciclada o no convencional, lo que reduce drásticamente la dependencia de fuentes naturales y genera incluso excedentes de agua potable en algunos periodos.

Complementa esto con riego por goteo preciso, monitoreo digital con IA, drones y sensores para agricultura de precisión, biotecnología para cultivos resistentes a la sequía, redes inteligentes para detección temprana de fugas y campañas masivas de conciencia pública. Israel exporta este know-how al mundo: empresas como IDE Technologies lideran proyectos de desalinización globales, y la tecnología israelí en goteo, filtración y gestión se usa de manera destacada en África, India y California, entre otros. 

En relación con México, el acuerdo y la colaboración es creciente y prometedora. Este acuerdo histórico para compartir mejores prácticas en desalinización y reutilización contiene propuestas como una mega-planta de desalinización en Puerto Peñasco (Sonora) por IDE Technologies, y cooperación en agrotech y biotecnología agrícola. 

El impacto en la agricultura es significativo y directo en la economía, la escasez reduce asignaciones de presas, obliga a reducir superficies de siembra, cambiar cultivos o invertir más en bombeo o pozos, elevando costos de producción agrícola, tristemente las sequías afectan granos claves, amenazan millones de empleos rurales, exportaciones agroalimentarias y soberanía alimentaria que golpea en la seguridad nacional.

Por otro lado, el desperdicio agrava todo, a nivel nacional, de acuerdo con algunos estudios, alrededor de 40 por ciento del agua potable distribuida se pierde en fugas de tuberías obsoletas. En hogares, fugas en instalaciones domésticas representan gran parte del desperdicio cotidiano, estimaciones indican que hasta 80 por ciento del desperdicio doméstico es por fugas no reparadas. Grandes dependencias (industria, hoteles, edificios) también contribuyen por ineficiencia y falta de mantenimiento.

Las alternativas y avances son viables y urgentes. Priorizar: 1) Reparación de fugas e infraestructura, 2) Riego eficiente por goteo y precisión, 3) Desalinización costera, 4) Reutilización de aguas residuales tratadas para agricultura e industria y 5) Políticas públicas integrales y colaboración internacional (especialmente México-Israel).

La crisis no espera, con una población en constante crecimiento, cambio climático y demanda agrícola, el “Día Cero” en más ciudades es inminente si no actuamos.

Es momento de priorizar el agua como lo que es, un tema de seguridad nacional, aprender de quienes han triunfado contra la aridez y construir un futuro hídrico sostenible, no podemos olvidar que la economía, la alimentación y millones de mexicanos dependemos de ello. Mención aparte es el tráfico ilegal del agua con sus florecientes cárteles.

Nota reciente
Esta es la nota más reciente.
Nota anteriror
Entrada antigua

Hola, déjenos un comentario

 
Top