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Por Zoé Robledo.- Cuando el 31 de diciembre de 2019 la Comisión de Salud Municipal de Wuhan, China, informó al mundo sobre los primeros casos de neumonía derivados de un nuevo virus, ese fin de año nacía también lo que sería otra pandemia: la infodemia. Se trata, según la propia Organización Mundial de la Salud, de una epidemia nociva de rumores que se generan por el aumento exponencial de información durante algún brote. 

La información imprecisa, especulativa y sin confirmar causaba tantos estragos como el nuevo coronavirus. Y es que en cuestión de salud la información puede llegar a ser un tema de vida o muerte. Ansiedad, pánico, miedo. La información no verificada iba desde aquella que anunciaba el fin del mundo hasta la que ofertaba curas milagrosas, hacía virales teorías conspirativas. Basta con decir que hubo gente que llegó a tomar cloro. 

Por eso el 3 de febrero de 2020, cuando la OMS presentó su Plan Estratégico de Preparación y Respuesta al Covid-19, también alertó sobre el riesgo de los mitos y las falsas noticias sobre el coronavirus. Se pidió a todos los gobiernos actuar basados en la ciencia y no en el pánico. 

Hoy la información sobre el virus y la enfermedad es inmensa, quizá, incalculable. Crece día a día y con ello una paradoja: a mayor información, mayor desinformación. Afortunadamente en México, incluso desde antes de conocer del primer caso, habíamos tomado una decisión: no ceder espacios a quienes trafican con mentiras, miedo y odio. Teníamos claro que para vencer al coronavirus y a la desinformación había que basarnos en los datos científicos. A los intentos de división y pánico, esperanza y solidaridad. Ciencia, responsabilidad y humanismo para salir adelante. 

Así fue que el 21 de enero de 2020 se presentó El pulso de la salud, un segmento sectorial dentro de la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador para contar con la fuerza y el protagonismo necesarios para comunicar la pandemia. Al día siguiente comenzaron las conferencias vespertinas de las 19 horas con el doctor Hugo López-Gatell. 

En el Seguro Social hicimos lo propio. Participamos momentáneamente en ambas conferencias. En la vespertina participé en 13 ocasiones y en 28 acudieron funcionarios del IMSS. Ahí estuvo nuestra técnica de Atención y Orientación al Derechohabiente, Leyla Acosta, para informar sobre el esquema de comunicación entre pacientes hospitalizados y familiares, la jefa Fabiana para sensibilizarnos sobre las agresiones al personal de salud, la responsable del Banco de Leche y las jefas de Enfermería de los tres niveles de atención. También los directores normativos del IMSS el doctor Mauricio Hernández y el doctor Víctor Hugo Borja, así como el doctor Felipe Cruz Vega y la doctora Gisela Lara. El 24 de diciembre desde ahí informé sobre la aplicación de las primeras vacunas en Querétaro. 

El IMSS también participó diariamente en las conferencias de prensa de la Secretaría de Economía para informar sobre los créditos a empresarios solidarios y a partir del 9 de septiembre del año pasado iniciamos las conferencias de prensa semanales del IMSS. En total fueron 20, en donde comunicamos las acciones que llevamos a cabo en la pandemia. 

Con esta estrategia de comunicación activa logramos un diálogo circular con la prensa y con la ciudadanía. Pero algo muy especial: transparencia para evitar opacidad y la verdad para combatir la infodemia. 

Mientras escribo: Este lunes arrancó en Chiapas la estrategia de vacunación contra covid-19 Casa por Casa. Gracias a todos los que hacen posible que la vacunación sea la causa de todos y todas.

Milenio

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