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Chihuahua, Chih.- Con mayor frecuencia, plataformas como  Uber, Uber Eats o Rappi contribuyen a la precariedad laboral de los países, mientras que otras instituciones a través del home office en la pandemia actual por COVID-19, están creando jornaleros digitales  sin contratos laborales, prestaciones y sin derecho a la desconexión virtual, que les permita disfrutar de sus familias y tiempo libre, contribuyendo aún más a la ansiedad, estrés y desesperación por el confinamiento. 

Cada día que pasa, los trabajos en línea se han convertido en la modalidad de la “Nueva Normalidad” como medida preventiva para la propagación del virus, sin embargo, esto ha detonado una serie de consecuencias en la dinámica laboral y del hogar; entre ellas, que muchos de los trabajadores se han visto forzados a permanecer conectados las 24 horas del día, los 7 días de la semana. 

“Acudimos a nuevas formas de trabajo y, por lo tanto, a la producción de un tipo de sujetos y de cuerpos aptos precisamente para dicho mercado. Falta saber que tan (in)humano resulta ese orden. El asunto es que, la inmensa mayoría, ya somos jornaleros”, destacó el catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Chihuahua José Carlos López Iracheta.

De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, en México 55% de toda la población ocupada no cuenta con prestaciones sociales. Ni siquiera el acceso a instituciones de salud y la mayoría de estos trabajadores no gana más de tres salarios mínimos mensuales. A esto se suma, esta nueva generación de “jornaleros digitales” con desarraigo laboral-vital. 

“Pensemos por ejemplo en el estatus de una persona que básicamente intercala su posición social entre empleado-desempleado, con contratos que a veces son por dos, tres, cuatro o seis meses. O casos que no hay nada en absoluto: informalidad y subempleo. En lo que espera su contrato se abre un extraño espacio en el que ni lo contingente de su mortalidad le está permitido, esto es: enfermarse”, agregó el catedrático. 

Por su parte, el doctor Antonio Salas, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, expresó una preocupación en aumento, pues estos empleos se equiparan con jornaleros, ya no sólo se puede hablar de prestaciones en el presente, sino también a futuro de no acumular jornadas laborales para su jubilación. 

“Ahorita la situación económica por el problema de la pandemia, orilló a que muchas personas se quedaran sin trabajo y ya no lo ven como un ingreso extra, sino que se convierte en su sustento. Ahorita la exigencia por el nuevo tipo de comercio que se está dando, por no atender físicamente a los clientes, terminó con la poca flexibilidad, ahora les exigen que cubran un horario. Ellos son promedio de 42 a 48 horas semanales, lo que rebasa el número de horas que normalmente se emplean en cualquier tipo de trabajo”, expresó el especialista en Desarrollo Económico y Sectorial Estratégico. 

Aunado a lo anterior, externó los trabajadores prácticamente asumen un costo que no les corresponde. Como, por ejemplo, el costo por de energía e internet para estar conectados o el desgaste de los bienes que poseen en su domicilio para ejercer su función. 

En México la Organización Internacional del Trabajo, el problema de la precariedad laboral digital se agudizó en los últimos diez años, por lo que llama a los gobiernos a atender estas nuevas necesidades de la economía digital poniendo como prioridad la prevalencia del trabajo decente en todos los rubros laborales.

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