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Unas cámaras escondidas en lo más profundo del Parque Nacional do Iguaçu, al sureste de Brasil, han captado algo que ningún científico había podido confirmar hasta ahora: el sonido agudo, corto y familiar de un maullido. Pero no era un gato doméstico el que llamaba a su cría. Era una hembra de jaguar, uno de los carnívoros más poderosos del continente americano.

El hallazgo, descrito en un nuevo estudio publicado en la revista Behaviour, ha sido liderado por un equipo internacional con participación de la Universidad de Salford (Reino Unido), la Atlantic Technological University (Irlanda), WWF Brasil y el Proyecto Onças do Iguaçu. No solo es la primera vez que se registra este tipo de vocalización en jaguares salvajes, sino que podría cambiar radicalmente lo que creíamos saber sobre la complejidad de su comportamiento social y su repertorio comunicativo.


Un felino poderoso con voz de gato

Que los jaguares rugen no es noticia. Lo hacen con fuerza y frecuencia para marcar su territorio o advertir a competidores. Pero que también puedan maullar, igual que un gato en busca de caricias, no solo sorprende: contradice parte del consenso científico sobre las limitaciones vocales de los grandes felinos.

Tradicionalmente se ha creído que los miembros del género Panthera –leones, tigres, leopardos, jaguares– no pueden maullar como los felinos menores debido a diferencias anatómicas en su laringe y tráquea. Sin embargo, este estudio documenta, mediante grabaciones de audio-vídeo, una secuencia de meows breves y agudos, emitidos por hembras de jaguar en interacciones madre-cría.

En tres grabaciones distintas tomadas entre 2022 y 2023, dos jaguares adultos “llaman” a sus cachorros con este sonido agudo y melódico, mientras que en otra escena una cría parece responder del mismo modo para encontrar a su madre. La hipótesis del equipo es que este tipo de vocalización cumple una función en la localización y el vínculo materno-filial.


Tecnología que revela lo invisible

Captar estos momentos no fue sencillo. Los investigadores llevan desde 2018 desarrollando un sistema de monitoreo continuo dentro del parque, un área de más de 1.700 kilómetros cuadrados de selva atlántica densa, húmeda y difícilmente accesible. Colocaron 29 cámaras trampa equipadas con micrófonos en zonas clave del territorio, capaces de grabar vídeos de 15 segundos cada seis segundos.

El patrón de sonidos que sorprendió al equipo se caracteriza por su tono agudo, corta duración y una secuencia rítmica que recuerda al maullido típico de los gatos domésticos. No es solo una curiosidad acústica: sugiere que los jaguares tienen una gama de comunicación mucho más sofisticada y flexible de lo que se pensaba, adaptando sus sonidos al contexto, como ocurre en otros felinos más pequeños.


Una comunicación maternal infravalorada

La investigación aporta evidencia sobre un aspecto poco explorado de los grandes carnívoros: la comunicación afectiva entre madre e hijo. El comportamiento maternal de los jaguares ha sido históricamente difícil de observar debido a la naturaleza esquiva de la especie y a las condiciones remotas de su hábitat. Pero las grabaciones captadas por las cámaras del parque muestran una interacción repetida, específica y aparentemente emocional entre madres e hijos.

Esta línea de trabajo abre nuevas preguntas sobre el repertorio acústico de otros grandes felinos. Se sabe que las chitas, por ejemplo, utilizan maullidos tanto en machos como en hembras para comunicarse entre sí. En cambio, leones y tigres rara vez emiten vocalizaciones de este tipo, reforzando la singularidad de este hallazgo en jaguares salvajes.

Más allá de lo anecdótico, la capacidad de los jaguares para maullar en la naturaleza tiene implicaciones importantes para su conservación y para el estudio del comportamiento animal. Si estos sonidos se relacionan con el cuidado parental, podrían servir como indicadores acústicos de la presencia de crías en zonas determinadas, permitiendo estrategias de protección más eficaces.

Además, el hallazgo desmonta ciertos estereotipos que describen a los jaguares como animales exclusivamente solitarios y silenciosos. La existencia de este tipo de vocalizaciones apunta a una complejidad social más rica, al menos durante la etapa de crianza.

Incluso podría tener un componente reproductivo: no se descarta que estos maullidos sean también utilizados por las hembras para atraer a potenciales parejas. El tiempo y nuevos registros confirmarán si los machos también emiten sonidos similares.


Sonidos que nos conectan

Lo más llamativo de este descubrimiento es quizás su carga emocional. Escuchar a un jaguar “maullar” conmueve por su inesperada ternura. Es el recordatorio de que incluso los depredadores más imponentes tienen un lenguaje delicado para la intimidad, para el cuidado, para la llamada del vínculo.

Es fácil pensar en los jaguares como bestias solitarias que habitan los rincones más oscuros de las selvas americanas, alejados del mundo humano. Pero este hallazgo acústico tiende un puente inesperado entre nuestra experiencia cotidiana con los gatos domésticos y la vida secreta de sus parientes salvajes.

Los autores del estudio insisten en la importancia de mantener e incrementar los esfuerzos de monitoreo acústico en áreas protegidas como el Parque Nacional do Iguaçu. Este tipo de tecnologías están revelando aspectos del comportamiento animal que hasta hace poco eran invisibles, inaudibles y, sobre todo, impensables.

En un mundo que cambia rápidamente, donde la deforestación y la pérdida de biodiversidad avanzan sin pausa, entender cómo se comunican y cuidan los jaguares es también una forma de protegerlos. Y quizás, de escucharlos por primera vez.

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