Da satisfacción comprobar con el estreno de ¡Ayuda!, que el realizador estadunidense Sam Raimi ha recuperado su cualidad lúdica, después de ponerse al servicio de la franquicia Marvel (de la cual salió más o menos bien librado. Sus versiones del Hombre araña son de lo mejorcito de esa producción).
Un guion malicioso de Damian Shannon y Mark Swift le ha permitido al autor de El despertar del diablo (1981), retomar su gusto por la violencia gore, el humor negro y la destreza formal. La trama es muy simple. Debido a un accidente de aviación, una oficinista nerd (Rachel McAdams) llamada Linda Liddle –que se pronuncia como Little, claro– y su insufrible jefe Bradley Preston (Dylan O’Brien) naufragan en una isla desierta del golfo de Tailandia. Quien piense que eso va a derivar en una comedia romántica, donde los dos van a acabar enamorándose a pesar de sus diferencias, no conoce el cine de Raimi.
En el inicio de la película, el director establece de lleno a sus personajes: ella es una ratona fodonga, de esas que guardan su sándwich de atún en el cajón de su escritorio; él es un ejecutivo ojete a quien papi ha nombrado CEO de su empresa. Como premio de consolación, porque piensa despedirla, Bradley la invita a un viaje a Tailandia en su jet privado. Ya en pleno vuelo, él y sus amigos se burlan de ella pues han encontrado la audición que hizo para concursar en el programa de Survivor.
Esa es información vital. Ya en la isla, Linda hace todo lo necesario para sobrevivir: prende una fogata, construye un refugio, consigue pescar sus alimentos. Mientras tanto, Bradley, incapacitado por una herida en una pierna, se deja cuidar por su empleada, a quien sigue tratando con desprecio. Como respuesta, Linda lo deja valerse por sí mismo y él no es capaz de comer otra cosa que no sea una cucaracha playera. Con la cola entre las patas, el jefe acepta portarse bien, aunque tiene un plan secreto.
Así, la película –una mezcla de comedia negra y delirante fantasía del empoderamiento femenino– se desarrolla como una escalada de juegos sucios entre ambos, que incluye una falsa castración de Bradley. No hace falta que Linda le corte efectivamente los genitales. El hombre queda perfectamente emasculado.
Resulta evidente que Raimi se solaza con las secuencias más exageradas, lo cual le permite ejercer la influencia de los cómics de horror de la marca EC y su adherencia a los cánones del cine B. Por ejemplo, la caza de un feroz jabalí se convierte en un torneo sangriento entre mujer y bestia, donde ella acaba disfrutando de la carnicería. Y cómo calificar esa escena en la que Linda salva a Bradley de ahogarse, mientras le vomita en la cara.
Gran parte de la efectividad de ¡Ayuda! depende de la disposición de McAdams por ensayar un papel atípico en su carrera. La trama se vuelve verosímil gracias a su transformación de apocada oficinista en intrépida mujer de acción selvática. Hay incluso una insinuación de que Bradley se siente atraído a esa nueva versión de Linda, pero es efímera.
Aunque la película no es una obra maestra como El despertar del diablo o, en plan mucho más medido, El plan (1998), resulta una divertida muestra de que Raimi ha retomado su camino.
¡Ayuda!
(Send Help)
D: Sam Raimi / G: Damian Shannon, Mark Swift / F. en C: Bill Pope / M: Danny Elfman / Ed: Bob Murawski / Con: Rachel Mc Adams, Dylan O’Brien, Edyll Ismail, Xavier Samuel / P: 20th Century Studios, Raimi Productions, TSG Entertainment. Estados Unidos, 2026.
LA JORNADA

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