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A 130 años del natalicio de David Alfaro Siqueiros (1896-1974), que se conmemorarán en 2026, la Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS) recuperará la pasión del pintor por la tecnología, el montaje cinematográfico y la relación entre arte, ciencia y espacio a partir de una lectura contemporánea de su obra y legado en la muestra Fusiones.

Su propósito general, subraya Esteban King Álvarez, responsable de la curaduría, es indagar en la figura histórica del artista, cuyo 52 aniversario luctuoso es este 6 de enero, “pero ponerlo en diálogo con la sociedad de nuestro tiempo y el arte contemporáneo”.

Para ello, explica en entrevista, se diseñó “un montaje fragmentario y múltiple” que entrecruza materiales del artista chihuahuense que forman parte del acervo de la SAPS –pinturas, documentos, escritos, fotografías y registros cinematográficos– con obras de cinco artistas contemporáneos.

Ellos son Daniel Monroy Cuevas, Fabiola Menchelli, Fabiola Torres Alzaga, Ismael Sentíes y Valentina Díaz, cuyas piezas, según el historiador del arte, “dialogan con los planteamientos visuales y políticos del muralismo siqueiriano desde las problemáticas de nuestro presente”.

Una de las aristas novedosas de este proyecto, además de ese “diálogo tan directo” con artistas contemporáneos, es que se exhiben materiales del archivo de la SAPS que rara vez o nunca antes se han presentado al público, destaca el curador.

El punto de partida de la muestra es el ensayo ¿Cómo se pinta un mural?, escrito por Siqueiros a mediados del siglo pasado, en el que expone cómo, al intervenir una construcción antigua con una obra plástica realizada con técnicas modernas, ocurre una fusión entre esa vieja arquitectura y el arte contemporáneo de la época en turno.

“Lo relevante es dar cuenta de cómo Siqueiros, a diferencia de Diego Rivera o de José Clemente Orozco, fue un artista que se preocupó por la manera de producir arte a partir de las herramientas tecnológicas de su tiempo”, resalta King Álvarez.

Es decir, agrega, que todavía en los años 20 del siglo pasado pintó al fresco, como lo hicieron Rivera y Orozco a lo largo de su vida, pero, a partir de su estancia en Estados Unidos en 1932, su perspectiva cambia, al acercarse, por ejemplo, a los sets de cine de Josef von Sternberg, quien rodaba en ese momento La venus rubia.

“Se da cuenta de que el cine, con su manera de operar con un equipo de trabajo muy grande, con técnicas modernas, con un aparato industrial, es un modelo a seguir para la producción artística, al posibilitar una obra colaborativa y que está hecha para la circulación de imágenes para las masas.”

De allí que la exposición, apunta el curador, busque dar cuenta de cómo Siqueiros utiliza herramientas de la modernidad –como la pistola de aire y la piroxilina, pero también la cámara fotográfica y cinematográfica– para pensar el arte de su tiempo y cómo sus indagaciones pueden interpelarnos en la actualidad.

“El objetivo es mostrar a un Siqueiros que realizó mucha experimentación y se interesó por estos materiales modernos, por las técnicas, por el sensorio humano (la capacidad de percibir el entorno). Se puede ver, por ejemplo, su acercamiento al cine, a las técnicas modernas, a cómo retrató sus propios murales y la manera en que otros artistas, como Luis Lupone y Guillermo Ceniceros, también los retrataron con el cine. A Siqueiros le interesaba mucho estos aspectos tecnológicos y científicos como una parte fundamental para entender la práctica artística.”

Otro de los baluartes de esta propuesta es asentar el modo en que las ideas, obras y legado del también llamado Coronelazo se vinculan con creadores contemporáneos. “Sobre todo pensando en que fue un artista que se dio cuenta de que en la modernidad las técnicas no sólo cambiaban a la sociedad en su conjunto, sino al arte, el sensorio humano, la percepción”, detalla el investigador.

“Actualmente vivimos inundados de nuevas tecnologías, pantallas, etcétera. Esta muestra también busca pensar cómo el arte puede responder a eso e indagar la manera en que nos relacionamos con el entorno a partir de estas innovaciones.”

Una muestra de ese diálogo de la obra siqueiriana con el arte actual es la intervención escultórica Hablar también es moverse, concebida por la argentina Valentina Díaz como una integración plástica con un boceto en gran formato de un mural que realizó Siqueiros para una escuela en el estado de México y que forma parte de la colección permanente del SAPS.


Espectador en movimiento

“La integración plástica era algo que les interesaba mucho a los muralistas, pensar en cómo unir la pintura con la arquitectura. Lo que hace Valentina, a partir de ese mural de Siqueiros, es crear una escultura que también cambia de forma dependiendo desde dónde se mira”, indica King Álvarez.

“En ese sentido, también conversa con esa noción de espectador en movimiento que a Siqueiros le interesaba mucho. Él fue alguien que a lo largo de los años desarrolló el concepto de poliangularidad, que rompe con la perspectiva tradicional y que piensa cómo un espectador, en el espacio, va a percibir desde diferentes puntos de vista una obra.”

El programa público de la muestra incluirá un seminario abierto sobre arte, ciencia y montaje, además de la proyección de audiovisuales en el espacio expositivo y visitas guiadas a cargo del curador y alguno de los artistas participantes. Más información en el sitio web del recinto, ubicado en Tres Picos 29, Polanco, y sus redes sociales.

LA JORNADA 

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