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Ciudad de México.- Que un producto pueda reciclarse no significa necesariamente que sea amigable con el medio ambiente. Especialistas en diseño sostenible advierten que fabricar artículos resistentes, fáciles de reparar y capaces de durar muchos años puede ser tan importante como recuperar sus materiales después de utilizarlos.


La discusión forma parte de una nueva manera de entender la economía circular, un modelo que busca reducir los desperdicios y aprovechar mejor los recursos utilizados en la fabricación de productos.


Durante años, muchas empresas han concentrado sus esfuerzos en desarrollar envases, muebles y otros artículos que puedan desmontarse y reciclarse cuando dejan de utilizarse. Sin embargo, este enfoque puede resultar insuficiente si los objetos se deterioran rápidamente y necesitan reemplazarse constantemente.


Un producto que se rompe después de poco tiempo puede generar nuevos gastos de fabricación, transporte y consumo de materias primas, incluso cuando sus componentes pueden aprovecharse mediante el reciclaje.


En cambio, un artículo que conserva su utilidad durante varios años permite retrasar la compra de otro y aprovechar por más tiempo los materiales y la energía utilizados para producirlo.


Uno de los ejemplos de este enfoque se encuentra en Japón, donde el trabajo con madera ha demostrado que elegir correctamente los materiales puede mejorar considerablemente la resistencia y estabilidad de los objetos.


En una fábrica de madera contrachapada ubicada en Hokkaido, las condiciones de humedad, la dirección de las vetas y las características de cada especie son factores importantes para evitar que las piezas se deformen.


Para atender estos problemas, se han desarrollado materiales que combinan capas delgadas de maderas duras, como el abedul japonés y el tilo, con papel reciclado de colores.


La técnica consiste en colocar las capas en diferentes direcciones, lo que ayuda a reducir los movimientos naturales de la madera y conservar la forma de los productos durante más tiempo.


Esta propuesta también se utiliza en el proyecto bosje, donde las capas de madera y papel forman parte de la apariencia de los objetos, creando diseños que no dependen de impresiones o decoraciones superficiales.


El ejemplo demuestra que la sostenibilidad no solamente depende de utilizar materiales reciclados, sino también de conocer sus propiedades y aprovecharlas para fabricar productos más resistentes.


Otro aspecto que comienza a recibir mayor atención es la posibilidad de reparar los artículos antes de desecharlos.


Cuando un producto permite sustituir una pieza dañada o corregir una falla sin tener que reemplazarlo por completo, se prolonga su vida útil y se evita generar residuos innecesarios.


Por el contrario, los objetos que no pueden repararse terminan convirtiéndose en basura con mayor rapidez, aunque estén fabricados con materiales reciclables.


Los especialistas también destacan la importancia del diseño y la apariencia, pues las personas suelen conservar durante más tiempo los artículos que consideran útiles, atractivos y agradables de utilizar.


Esto significa que la relación de los consumidores con sus pertenencias puede influir en la cantidad de productos que terminan desechándose.


No obstante, una apariencia atractiva no garantiza que un objeto dure más. Para conseguirlo también se requieren materiales adecuados, buena fabricación y posibilidades de mantenimiento.


El reto para las empresas consiste en encontrar un equilibrio entre resistencia, reparación y reciclaje, sin sacrificar la funcionalidad de los productos.


La posibilidad de separar materiales para reciclarlos sigue siendo importante, especialmente cuando un objeto llega al final de su vida útil. Sin embargo, no debería convertirse en el único criterio para determinar si un producto es sostenible.


También es necesario considerar si existen sistemas de reciclaje capaces de recuperar realmente sus componentes, pues un artículo diseñado para ser reciclable no necesariamente terminará siendo reciclado.


La economía circular plantea así un cambio en la forma de producir y consumir: en lugar de pensar únicamente en qué hacer con los residuos, propone evitar que los objetos se conviertan en basura antes de tiempo.


Bajo esta perspectiva, fabricar productos que duren, puedan repararse y mantengan su utilidad representa una alternativa para reducir el desperdicio de materiales y disminuir la necesidad de producir nuevos artículos.


El objetivo no es dejar de reciclar, sino reconocer que el cuidado del medio ambiente comienza mucho antes de que un producto llegue al contenedor de residuos.

ExpokNews

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