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La Habana, Cuba. Lo que la gente de a pie ve, es la luz. Le resulta vital si la hay o no la hay. Le es esencial si las calles y sus casas están alumbradas o si están a oscuras. La electricidad es la fuerza motriz que mueve un país. La falta de energía paraliza una nación.

Esta realidad obvia, resulta más que evidente en la Cuba de hoy. Y su pueblo lo sabe. Por eso consulta el funcionamiento del sistema eléctrico nacional, como se revisa el clima. Quiere saber cuánto durarán los apagones y a qué hora se presentarán.

Cada día, el periódico Granma incluye en sus contenidos una sección que informa sobre las previsiones acerca de la disponibilidad del fluido, y da cuenta de sus afectaciones y horarios, como si fuera un informe meteorológico.

Los apagones, que provocan múltiples inconvenientes a la vida diaria, se anuncian como la antesala del caos. El pasado martes, la embajada de Estados Unidos emitió una alerta en la que advierte sobre una situación crítica de inestabilidad eléctrica y desabastecimiento de combustible que afecta severamente la cotidianidad de la isla. Alerta que afecta servicios como el agua, iluminación, refrigeración y comunicaciones. Y advierte a sus ciudadanos sobre un posible incremento en las protestas contra Washington.

Estrangulamiento

Este estrangulamiento obligó ya al gobierno de Cuba a comunicar a las aerolíneas el día de hoy, que en 24 horas se quedará sin combustible para abastecer a los aviones.

Roberto Fernández, gran conocedor y acompañante de las luchas electricistas de América Latina, recuerda que el célebre revolucionario ruso Vladimir I Lenin resumió la fórmula del socialismo en la consigna: sóviets y electricidad. Y añade: “está claro que Donald Trump quiere quitar a la Revolución cubana una de las dos patas de ese modelo”.

La interrupción del servicio eléctrico en la isla se quiere presentar como fruto de la desorganización e ineficiencia gubernamentales y no como producto de la apuesta estadunidense de estrangular energéticamente a La Habana.

Sin embargo, según el ingeniero eléctrico Rubén Campos Olmo, director general de la termoeléctrica de la ciudad de Matanzas y de 66 años de edad –hace ya algunos ayeres que pudo haberse jubilado–, hay un déficit de generación del fluido que impide satisfacer la demanda en los momentos más álgidos. Hay desconexiones ordenadas para evitar fallas del sistema. Hay cortes eléctricos programados. Y hay, además, un problema de descoordinación del despacho.

Pero, no sólo eso. Se estableció, también, una planificación para atender necesidades estratégicas. En palabras del presidente Miguel Díaz-Canel: “teníamos parada la economía, teníamos parada las industrias, teníamos paradas las actividades agrícolas, el riego. Teníamos parado las principales fábricas, los principales centros exportadores, los principales centros de producción de bienes para la población. Y, haciendo un análisis realista de las condiciones del país, dijimos: hay que poner un poco de energía en la economía, sabiendo que es a costa de afectar a la población. Pero es que también la población recibe de lo que produzcamos en la economía, y si la economía no produce, entonces nos complicamos más, y el impacto de los problemas energéticos es mayor en la vida de las cubanas y los cubanos”.

Como parte de esta jerarquización, el Ministerio de Salud Pública priorizó atender las urgencias médicas, los programas de atención materno-infantil, la atención al cáncer y servicios vitales como la hemodiálisis.

Por supuesto, el embargo juega un papel muy importante en esta crisis. Rubén explica: “en la revolución energética que hicimos en 2005, conducida por el compañero Fidel Castro, se montaron casi 2 mil megavatios de generación distribuida. Se llama así porque está distribuida en todo el país. Esa generación consume diésel y fuel. Hoy tenemos más de mil megavatios de esa generación disponible, pero, por un conjunto de razones, tanto económicas como del bloqueo, es prácticamente imposible traer esos combustibles, que son básicamente importados”.

El ingeniero Campos conoce bien el sistema eléctrico mexicano. Ha visitado las plantas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Tula y Manzanillo. Y posee una visión muy completa de la industria de su país. Según él, siete centrales termoeléctricas producen poco más de 40 por ciento del fluido. Las plantas de ciclo combinado generan entre 15 y 17 por ciento. Y la cantidad producida por fuentes renovables como la fotovoltaica ha venido creciendo significativamente.

Un pequeño gigante regional

Elmer García es director de mantenimiento de la Termoeléctrica de Matanzas. Para la charla de hoy se vistió, orgulloso, con el uniforme de la CFE, que le regalaron cuando estuvo en México. Cada día, junto a su equipo, hace el milagro de cuidar el funcionamiento de una enorme planta de 38 años de edad, que genera entre 280 y 295 megavatios, alrededor de 15 o 16 ciento de la producción eléctrica cubana.

La planta tiene un nombre heroico: Antonio Guiteras, el revolucionario isleño profundamente antimperialista, impulsor del socialismo anticapitalista, que murió con las armas en la mano, en mayo de 1935. Se trata de una termoeléctrica veterana, construida en marzo de 1988, que, literalmente, funciona a todo vapor, a pesar de que la vida útil de una central de este tipo es de entre 30 y 35 años.

Con la paciencia del profesional que maneja a pie juntillas la historia y problemática del sector, el ingeniero Campos explica en la sala de juntas de la termoeléctrica, que la Guiteras fue diseñada para abastecerse de petróleo ligero, proveniente del campo socialista, pero que, con el colapso soviético, debió de sustituirse con crudo cubano, que es mucho más pesado y viscoso. Desde 2002 hasta hoy han quemado cerca de 10.5 millones de toneladas.

El directivo ve en los obreros de la planta una pieza clave en el éxito de la empresa. “El capital más preciado que tenemos –advierte– son nuestros trabajadores. Somos un colectivo creador, integrado por técnicos de nivel superior, medio y obreros, que constantemente están dando soluciones a los problemas que tenemos. Por los años de operación de la planta, hemos perdido equipos importantes que afectan nuestra eficiencia. Pero, con el apoyo de la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores estamos resolviendo muchos de esos problemas. Nosotros fabricamos miles de piezas de repuesto. Las fabricaciones que hacemos en Cuba representan más de 30 por ciento de sustitución efectiva de importaciones. Los trabajadores siempre están dando solución a lo que no podemos importar por el bloqueo. Es parte de lo que nuestro presidente ha llamado resistencia creativa”.

Yandy Rojas es el secretario general de la organización sindical. Según él, los trabajadores que innovan y aportan soluciones a los problemas que se presentan, reciben reconocimientos morales y bonos económicos. Aunque –precisa– lo fundamental son los estímulos morales. Y añade: “no hay que olvidar que los trabajadores estamos aquí para resistir la embestida de los poderosos”.

Cuenta el ingeniero Campos que los trabajadores tienen participación en la gestión de la empresa. Debaten su planificación a partir de la organización sindical. No hay que estar nombrado en un cargo administrativo para participar en la dirección. Cada sección sindical tiene una asamblea mensual, que comienza por el informe que prepara la administración. El 100 por ciento de los trabajadores están sindicalizados. Del obrero más sencillo puede venir una opinión para ayudar en una solución. Hay una gestión participativa.

Trump –asevera– ha llegado muy lejos. Está claro que en su agenda está provocar daños en el sistema energético. Ha desconocido el derecho internacional. Nos impide tener acceso a financiamientos. Dificulta enormemente la llegada de combustible. Nos está creando muchos problemas. Pero estamos acostumbrados a momentos complejos. Salimos adelante del periodo especial. Ahora, vamos a salir adelante, como en otras ocasiones lo hemos hecho”.

LA JORNADA

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