Por Antonio Gershenson.- La migración cubana hacia Estados Unidos ha continuado desde siglos atrás. A partir del triunfo de la revolución, la migración aumentó. Actualmente, según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, la población migrante originaria de Cuba es alrededor de un millón 343 mil 960 personas que decidieron salir de su país, básicamente, por razones políticas y económicas. Fue entonces que surge una oposición férrea en contra de Fidel Castro y todo lo relacionado con los cambios hacia el socialismo.
De los miles de residentes cubanos, una persona, que ha llegado a los más altos cargos políticos dentro del Partido Republicano, ha sido la punta de lanza para incidir en los más duros ataques en contra del país de sus compatriotas migrantes. Un solo hombre ha tomado decisiones devastadoras en contra del pueblo cubano que decidió permanecer en Cuba.
La idea de asfixiar la economía del país de José Martí ha sido una prioridad en la carrera de uno de los estadunidenses más anticubanos que ha existido en los gabinetes de los gobiernos republicanos. Aunque, a decir verdad, los personajes conservadores y pro capitalistas estadunidenses-cubanos han sido varios y de vergüenza histórica: José Victoriano Betancourt, Guillermo Cabrera Infante, Orlando Bosch Ávila, Kenia Carcasés Opón y muchos más.
Para aquellos integrantes de los años dorados de la corrupción batista, su papel era organizarse en el exilio y regresar a Cuba, apoyados por Estados Unidos, para derrocar a Fidel y su revolución socialista apoyada por la Unión Soviética. La lacra social que salió del país no iba a permitir que los comunistas se apoderaran de su paraíso de impunidad que les permitió por años el saqueo de los recursos naturales, la usurpación de las ganancias generadas por la explotación a la clase trabajadora, de abundantes recursos monetarios provistos por las mafias dueñas de los casinos y de otros negocios turbios.
Antes del actual bloqueo económico surgido desde el gabinete del demócrata John Kennedy, las restricciones económicas se manifestaron abiertamente por parte del gobierno de Dwight D. Eisenhower. Desde entonces, las restricciones económicas han sido devastadoras, como lo hemos comprobado a lo largo de las siguientes décadas. Sin embargo, y pese a toda la carga en contra del pueblo cubano y su revolución, el desarrollo posterior a la entrada a La Habana por parte de los barbudos de Sierra Maestra fue espectacular.
Conocemos el importante avance en diferentes rubros como en el área de la educación, la salud, la investigación científica, etcétera. Siempre con pocos recursos económicos, el avance social se destacó, incluso, tuvimos el ejemplo del apoyo solidario de la nueva Cuba hacia los países que lo necesitaron.
Como se observa, el pueblo cubano ha resistido más de lo que podemos imaginar. La falta de apoyo decidido desde nuestros países latinoamericanos, cuyos gobiernos no siempre fueron simpatizantes del gobierno socialista, fue motivado por las presiones de Estados Unidos. La intervención en los asuntos internos de Cuba siempre ha estado presente.
En el caso de México, el intercambio comercial con Cuba ha sido histórico. Aún antes del triunfo de la revolución. Actualmente, los acuerdos con el gobierno del presidente Díaz-Canel y México son múltiples y ningún gobierno estadunidense tiene que intervenir para evitarlo, para degradarlo o para amenazar con medidas absurdas si la relación comercial continúa.
La soberanía de ambos países hermanos a los mandatarios imperialistas no les causa ninguna preocupación. Su política dominante es ignorar cualquier posición soberana que estorbe a los republicanos o demócratas. Ambos partidos son la misma insolencia.
El tratado comercial México-Cuba no sólo se circunscribe a la venta con precios preferenciales de petróleo, también se incluyen alimentos, medicamentos, productos manufacturados, bebidas, servicios y un enorme acervo de coincidencias culturales, científicas, tecnológicas, musicales, literarias, deportivas y otras más que no tienen fronteras ni bloqueos que lo impidan.
Es importante recordar a la oposición que insiste en que el petróleo es un regalo de los gobiernos de la 4T al gobierno “comunista” de Díaz-Canel que, el apoyo en hidrocarburos aumentó a partir de la segunda mitad de los años 90. Es decir, a finales del siglo pasado y principios del presente se firmaron tratados concretos que se han cumplido formalmente.
Para la sociedad estadunidense la relación entre Cuba y México es desconocida e incierta. No conocen este tipo de amistad y solidaridad con ningún país del mundo. Casi lo podemos asegurar. La amistad verdadera es una cosa y la complicidad bélica para cometer genocidios es otra cosa.
Para el pueblo estadunidense, el papel que juegan los cientos de Marcos Rubio en su política nacional es una vergüenza para la historia de ese país.

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