Wenzhou, China.- Dos pequeñas semillas de melón conservadas durante aproximadamente 900 años permitieron a un grupo internacional de científicos reconstruir las características genéticas de esta fruta durante la China medieval, revelando que los ejemplares consumidos en aquella época eran diferentes de muchas variedades dulces y de pulpa naranja que se comercializan actualmente.
El descubrimiento se produjo gracias al análisis de restos vegetales recuperados en Shuomen Gugang, un antiguo puerto ubicado en la ciudad de Wenzhou, que mantuvo una intensa actividad comercial durante la dinastía Song, entre los años 960 y 1279 después de Cristo.
La investigación, publicada en septiembre de 2026 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), permitió obtener información genética de dos semillas que permanecieron enterradas en condiciones de humedad excepcionales, lo que favoreció la conservación de su ADN durante casi un milenio.
Los especialistas examinaron inicialmente 24 semillas procedentes de tres yacimientos arqueológicos chinos. Veinte correspondían a periodos mucho más antiguos, entre los años 770 y 476 antes de Cristo, mientras que las cuatro restantes fueron recuperadas del puerto de Shuomen Gugang.
Sin embargo, el material genético de las semillas más antiguas estaba demasiado deteriorado para obtener resultados confiables. Únicamente dos de los ejemplares encontrados en el puerto conservaron suficiente ADN para reconstruir sus genomas y conocer algunas características de los frutos originales.
Los análisis confirmaron que ambas semillas pertenecían a la especie Cucumis melo, la misma a la que corresponden numerosos melones actuales. No obstante, los investigadores identificaron diferencias importantes en los genes relacionados con la coloración de la pulpa, la forma del fruto y otras propiedades.
Uno de los resultados más relevantes fue la ausencia de la variante genética responsable de producir la pulpa naranja característica de variedades modernas como el cantalupo. Esto sugiere que los melones de aquella época probablemente tenían una pulpa blanca, verde o ligeramente verdosa.
En una de las semillas también se identificaron características genéticas relacionadas con una menor acidez, mientras que otra presentaba una variante asociada con una forma más redondeada. Estos resultados indican que las poblaciones humanas posiblemente ya seleccionaban ciertos rasgos de los frutos para favorecer su cultivo y aprovechamiento.
Aunque no fue posible determinar con exactitud su sabor, los científicos consideran que estos melones pudieron utilizarse principalmente como alimentos frescos o ingredientes culinarios, en lugar de consumirse exclusivamente como los postres dulces que conocemos actualmente.
El hallazgo también aporta información sobre las antiguas rutas comerciales de Asia. El puerto de Shuomen Gugang era un importante punto de intercambio marítimo y fluvial, donde circulaban mercancías procedentes de distintas regiones, por lo que las semillas pudieron llegar como parte de cargamentos comerciales, provisiones de embarcaciones o residuos de alimentos consumidos por sus habitantes.
Los análisis genéticos relacionaron los ejemplares con un grupo de melones cultivados de Asia oriental conocido como agrestis. Sin embargo, los investigadores todavía no pueden establecer con certeza si estas variedades llegaron desde el sur de Asia mediante las rutas comerciales o si experimentaron procesos adicionales de selección dentro del territorio chino.
Otro aspecto interesante es la posible relación entre estos frutos y las preferencias estéticas de la dinastía Song, una época en la que fueron especialmente apreciadas las cerámicas de tonalidades verdes semejantes al jade, algunas de ellas elaboradas con formas inspiradas en melones.
Los especialistas destacaron que, aunque solamente pudieron recuperar dos genomas antiguos, el descubrimiento representa una evidencia directa de las características de los melones cultivados en China durante la Edad Media.
La investigación demuestra además cómo el estudio del ADN conservado en restos arqueológicos puede revelar detalles sobre la alimentación de sociedades desaparecidas y ayudar a comprender los cambios que experimentaron las frutas y otros cultivos a lo largo de los siglos, hasta convertirse en los alimentos que consumimos actualmente.
Muy Interesante

Hola, déjenos un comentario