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Denizli, Turquía.- Un sarcófago romano de aproximadamente 2 mil años de antigüedad, decorado con un pequeño rostro de apariencia grotesca que presuntamente tenía la función de ahuyentar a los espíritus malignos, fue identificado por arqueólogos en la antigua ciudad de Attouda, al suroeste de Turquía.


El hallazgo corresponde a un ataúd de terracota elaborado entre los siglos I y II después de Cristo, cuya tapa conserva la representación de un personaje mitológico conocido como Sileno, estrechamente relacionado con Dioniso, el dios del vino y la fertilidad en la tradición griega.


Aunque los restos fueron localizados en 2023 durante exploraciones arqueológicas en una zona agrícola de Musalla, los resultados de su estudio se dieron a conocer en octubre de 2026 por la arqueóloga de la Universidad de Pamukkale, Bilge Yılmaz Kolancı, mediante una investigación publicada en la revista científica Cedrus.


Los especialistas recuperaron seis fragmentos del sarcófago, dos correspondientes a su estructura principal y cuatro a la cubierta. Las piezas habían resultado dañadas por trabajos de nivelación del terreno y posteriormente fueron abandonadas en una zona arbolada, donde permanecieron expuestas a las condiciones climáticas.


Una de las partes mejor conservadas es una tapa de 33 por 30.5 centímetros, que presenta en su superficie un rostro masculino de apenas 4.8 centímetros de altura. La figura muestra una cabeza prácticamente calva, ojos grandes y redondos, nariz ancha, barba y una sonrisa exagerada que le da una apariencia inquietante.


De acuerdo con la interpretación de los investigadores, la imagen representa a Sileno, un anciano mitológico que acompañaba a Dioniso y que era asociado con el vino y la sabiduría. Su presencia en el sarcófago pudo tener un significado protector, ya que en las antiguas creencias griegas y romanas algunas figuras de aspecto monstruoso eran utilizadas para alejar las fuerzas sobrenaturales.


La teoría señala que el rostro habría funcionado como una especie de guardián del difunto, destinado a impedir que los espíritus malignos perturbaran su descanso. Incluso se considera la posibilidad de que la tapa estuviera colocada cerca de la cabeza de la persona enterrada para reforzar esa protección simbólica.


Otro detalle que llamó la atención de los arqueólogos fue una inscripción con la letra griega beta, equivalente a la B, grabada junto al rostro. Los especialistas consideran que podría tratarse de una marca utilizada por el artesano o el taller que fabricó la pieza, aunque su verdadero significado todavía no ha sido determinado.


El descubrimiento adquiere especial importancia porque, hasta ahora, no se conocían otros sarcófagos cilíndricos de terracota en Anatolia con una representación semejante. Si bien existen antecedentes de máscaras y figuras de Sileno en contextos funerarios, su aparición en este tipo de ataúd constituye una característica poco común.


Los estudios también encontraron relación entre la figura representada y las antiguas prácticas religiosas de Attouda, donde se han documentado monedas e inscripciones vinculadas con el culto a Dioniso. Estas evidencias permiten comprender mejor la influencia de la mitología en las costumbres funerarias de aquella población.


Aunque no fue posible identificar a la persona enterrada debido al deterioro del contexto arqueológico, los investigadores consideran que el sarcófago aporta información valiosa sobre las creencias relacionadas con la muerte y la protección espiritual durante el Imperio romano.


El pequeño rostro, conservado durante casi dos milenios, constituye así un testimonio de cómo las antiguas sociedades recurrían a símbolos mitológicos para acompañar a sus muertos y expresar la esperanza de que permanecieran protegidos después de la vida.

Muy Interesante

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