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Astrónomos detectaron un enorme y tenue disco de estrellas jóvenes en los límites de la galaxia Messier 74, también conocida como M74 o NGC 628, un hallazgo que amplía considerablemente la extensión conocida de este sistema y aporta nuevas pistas sobre la manera en que crecen las galaxias. 

Durante años se consideró que la región estelar visible de M74 llegaba hasta unos 14 kilopársecs desde su centro, equivalentes a alrededor de 45 mil años luz. Las nuevas observaciones encontraron estrellas mucho más allá de esa frontera, hasta unos 30 kilopársecs, cerca de 100 mil años luz del núcleo. En términos de la extensión radial detectada, esto supone más del doble de lo conocido anteriormente. 

Esto no significa que M74 haya duplicado repentinamente su tamaño. Las estrellas ya se encontraban allí, pero su brillo era tan débil que los instrumentos anteriores no conseguían distinguirlas del fondo del cielo. El avance fue posible gracias a observaciones mucho más sensibles realizadas con el Transient Survey Telescope, instalado en el Observatorio del Teide. 

El estudio, encabezado por Ignacio Ruiz Cejudo y colaboradores y difundido por el Instituto de Astrofísica de Canarias, encontró que esta población exterior presenta una tonalidad azul característica de estrellas relativamente jóvenes. Su edad se estima en unos 600 millones de años, aunque los investigadores reconocen un margen amplio de incertidumbre. 

El resultado llama la atención porque las galaxias espirales suelen crecer de dentro hacia fuera de manera gradual. M74 sigue siendo compatible con ese modelo general, pero parece haber atravesado una etapa reciente en la que la formación de estrellas se concentró rápidamente en sus regiones más alejadas. Los autores describen este fenómeno como un crecimiento “explosivo”, aunque no se refiere a una explosión física. 

Una posible explicación está en el gas frío que ya existía alrededor de la galaxia. Los científicos plantean que una perturbación gravitatoria pudo comprimir ese material y provocar el nacimiento de nuevas estrellas lejos del centro. La principal candidata para haber generado ese empujón es UGC 1176, una galaxia vecina situada a una distancia proyectada de aproximadamente 400 mil años luz. 

Los cálculos sugieren que ambas pudieron experimentar un encuentro hace alrededor de 930 millones de años y que posteriormente la formación estelar se extendió por las regiones exteriores. Sin embargo, los investigadores aclaran que estas fechas dependen de modelos y velocidades asumidas, por lo que todavía no existe una prueba directa de que UGC 1176 haya sido responsable.

Las imágenes que hicieron posible el descubrimiento fueron obtenidas a finales de agosto de 2025 mediante numerosas exposiciones de 60 segundos acumuladas durante varias horas. Esta técnica permitió alcanzar niveles extremadamente bajos de brillo y revelar estructuras que habían permanecido ocultas pese a que M74 es observada desde hace más de dos siglos.

Por ahora, los científicos consideran prematuro afirmar que otras galaxias esconden discos similares. M74 es un solo caso estudiado con este nivel de profundidad, pero el descubrimiento abre la posibilidad de que algunas galaxias conocidas sean en realidad mucho más extensas de lo que muestran las observaciones convencionales. 

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