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A 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda está lejos del poder y la capacidad de movilización que alcanzó en sus años de mayor actividad. Sin embargo, la organización terrorista no ha desaparecido: mientras su núcleo central se encuentra debilitado, varias de sus filiales mantienen una presencia importante en regiones de África y Asia.


Una muestra de cómo ha cambiado el escenario se encuentra en Siria. A finales de agosto de 2026, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos retiró de su lista de sanciones a Abdullah al Muhaysini, antiguo predicador yihadista que durante la guerra civil siria fue asesor religioso del Frente Al Nusra, entonces rama de Al Qaeda.


Al Muhaysini fue conocido por reclutar combatientes y participar en la construcción de Al Nusra como estructura de poder. La organización cambió posteriormente su nombre a Hayat Tahrir al Sham (HTS) y también fue retirada de la lista estadounidense de organizaciones sancionadas, como parte de la nueva política de Washington hacia Siria.


El caso refleja solo una parte de la transformación ocurrida desde 2001. Actualmente, buena parte de la fuerza vinculada con Al Qaeda se encuentra lejos de Estados Unidos y Europa. El islamólogo Rüdiger Lohlker considera que para entender su situación actual es necesario abandonar una visión centrada únicamente en Occidente.


En el Sahel opera Jamaat Nusrat al Islam wal Muslimin (JNIM), una poderosa alianza de grupos relacionados con Al Qaeda. En Somalia permanece Al Shabaab, mientras que Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) continúa activa en Yemen. Afganistán, por su parte, sigue siendo señalado como un refugio para miembros de la organización.


La respuesta internacional posterior al 11-S golpeó considerablemente a su estructura. La intervención militar en Afganistán y una mayor cooperación entre servicios de inteligencia y fuerzas policiales redujeron su capacidad operativa. Para Lars Berger, profesor de estudios sobre terrorismo en la Universidad Federal de Ciencias Aplicadas de Alemania, los propios atentados terminaron convirtiéndose en “un gran fracaso estratégico para Al Qaeda”.


La organización tampoco consiguió uno de sus grandes objetivos: provocar una radicalización generalizada del mundo árabe y contribuir a la caída de los gobiernos de la región. Una década después del 11-S sufrió además uno de sus golpes más importantes con la muerte de Osama bin Laden en mayo de 2011.


A partir de entonces comenzó una reorganización. En lugar de concentrarse principalmente en grandes atentados contra el llamado “enemigo lejano”, sus integrantes buscaron establecerse en lugares donde las instituciones son débiles, las fuerzas de seguridad tienen capacidades limitadas y existen conflictos locales sin resolver.


Ese cambio llevó a una estrategia más regional. En zonas como el Sahel, los grupos vinculados con Al Qaeda han buscado alianzas locales, influencia entre las comunidades y control territorial. Berger explica que se pasó de grandes ataques dirigidos desde la cúpula a operaciones menores con una dinámica mucho más local.


Otro desafío está en el relevo generacional. Behnam Heidenreuter-Said, experto en terrorismo de la Academia de Policía de Hamburgo, señala que la marca Al Qaeda ha perdido fuerza, especialmente en Europa, donde el yihadismo militante tiene menor capacidad de atracción. Eso no significa que las ideas yihadistas hayan desaparecido, sino que Al Qaeda ya no moviliza a grandes cantidades de jóvenes como lo hizo anteriormente.


La falta de información también dificulta conocer su situación real. “Todos coinciden en que hoy en día hay poca información sobre Al Qaeda. Simplemente no se sabe qué está haciendo en este momento”, explicó Heidenreuter-Said.


Así, un cuarto de siglo después del 11-S, Al Qaeda tiene mucho menos protagonismo internacional, pero sus filiales JNIM, Al Shabaab y AQAP conservan capacidad de influencia en Estados frágiles. El riesgo, según el análisis, es que algunas de estas organizaciones consigan permanecer durante años en esos territorios y evolucionen de grupos terroristas hacia estructuras con poder político y militar duradero.

DW News

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