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El aumento sostenido de las temperaturas está dejando de ser únicamente un problema ambiental para convertirse en un riesgo cada vez mayor para la salud. A diferencia de huracanes, inundaciones o incendios, sus consecuencias pueden pasar inadvertidas, aunque sean capaces de agravar enfermedades e incluso contribuir a la muerte de personas vulnerables. 

El calor prolongado dificulta que el organismo mantenga una temperatura estable. La exposición puede comenzar con síntomas como dolor de cabeza o sarpullido, pero también agravar enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales, además de tener efectos en la salud mental. Las personas mayores, quienes padecen enfermedades previas y los trabajadores que permanecen al aire libre enfrentan mayores riesgos. 

Uno de los problemas es que las consecuencias pueden quedar fuera de las estadísticas. Una persona que sufre un infarto o un accidente cerebrovascular durante una ola de calor puede aparecer registrada bajo esa causa médica y no como una muerte relacionada con las altas temperaturas. Especialistas citados por ExpokNews advierten que esto dificulta conocer la verdadera dimensión del fenómeno. 

Asia ya ofrece ejemplos de este escenario. Un informe de la Organización Meteorológica Mundial señala que la región atravesó uno de sus años más cálidos registrados. En 2024, Filipinas reportó 77 casos de enfermedades asociadas con altas temperaturas, mientras que Tailandia confirmó al menos 30 muertes relacionadas con el calor. Vietnam llegó a declarar una emergencia ante temperaturas anormalmente elevadas y una fuerte sequía que también golpeó las actividades agrícolas. 

El problema rebasa los hospitales. Las olas de calor pueden obligar a suspender clases y jornadas laborales, elevar la demanda de electricidad y perjudicar cultivos y ecosistemas. Un análisis publicado por The Lancet en 2025 encontró que Asia registró el segundo mayor incremento en exposición a olas de calor vinculada con el cambio climático entre las regiones estudiadas, únicamente detrás de los pequeños estados insulares. 

La situación también deja al descubierto desigualdades. Quienes trabajan bajo el sol no siempre pueden suspender sus actividades, mientras que acudir al médico puede representar perder el salario de una jornada. Tener acceso a agua, sombra, descansos, atención médica y protección laboral puede marcar una diferencia importante durante los episodios de temperaturas extremas. 

Ante este panorama, especialistas consideran necesario pasar de reaccionar ante las emergencias a prevenir sus consecuencias. Empresas, gobiernos, servicios de salud, aseguradoras y comunidades pueden intervenir mediante mejores condiciones laborales, sistemas de alerta, atención médica y redes de apoyo para las personas más vulnerables. 

El reto será también estudiar qué sucede cuando la exposición no dura unas cuantas horas, sino semanas o temporadas completas. Conforme las temperaturas extremas se vuelven más frecuentes, el calor podría convertirse en una amenaza sanitaria silenciosa, capaz de provocar enfermedades, ausencias laborales, mayores gastos médicos y fallecimientos que no siempre son identificados como consecuencia del clima. 

ExpokNews 

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