Ciudad de México. Un análisis transnacional que estudió a más de 156 mil personas de 29 países, incluyendo México, demostró que el pico de aparición del primer problema de salud mental se registra a los 15 años, confirmando que la adolescencia representa la ventana de mayor vulnerabilidad.
El hecho de que el pico de inicio se sitúe a los 15 años sugiere que las estrategias preventivas deberían activarse antes de la adolescencia media, si se interviene cuando los síntomas son clínicamente evidentes implica actuar de manera reactiva y no preventiva, establece el estudio Salud Mental de Niñas, Niños y Adolescentes en México: Evidencia y Áreas Prioritarias para Fortalecer sus Entornos Protectores de Save the Children.
En la presentación del análisis Dirk Glas, director de Save the Children México, señaló que datos del sistema público indican que en 2024 hubo 144 mil 897 atenciones de salud mental en población de 5 a 19 años y añadió que la ansiedad, depresión y trastornos de conducta concentra casi el 78 por ciento de los casos, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud. Más de la mitad de esas atenciones se concentraron en cinco estados: Ciudad de México, estado de México, Guanajuato, Tabasco y Guerrero.
Glas añadió que actualmente vivimos en un entorno muy complicado para las infancias y adolescencias, debido a las hostilidades militares en Medio Oriente, lo cual incidirá en la salud mental, sobre todo de aquellos que habitan esas zonas.
El estudio advierte que a nivel mundial, más del 13 por ciento de adolescentes de 10 a 19 años, es decir 166 millones, padece una condición de salud mental diagnosticada, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que la mitad de las condiciones de salud mental a nivel global comienzan antes de los 14 años, lo que confirma la relevancia de intervenir durante la infancia y la adolescencia como momentos críticos en la construcción de trayectorias de bienestar o vulnerabilidad a lo largo del curso de vida.
Claudia Aranda, especialista en Salud Mental de Save the Children, alertó sobre el alza de los intentos de suicidio en este sector poblacional, pues por cada adulto que trata de acabe con su vida, hay tres adolescentes intentándolo.
Asimismo, este inicio temprano, indica el documento, se vincula con un riesgo acumulado a lo largo del ciclo de vida que permite proyectar que el 50 por ciento de la población mundial desarrollará una condición de salud mental antes de los 75 años, lo que evidencia la importancia de intervenir en las etapas iniciales del desarrollo.
“La intervención temprana es necesaria tanto para garantizar el bienestar de niñas, niños y adolescentes, como por su potencial costo-efectividad; estas generan beneficios en lo inmediato y reducen costos futuros en servicios de salud pública. Postergar la atención incrementa la complejidad del abordaje, pues mientras más temprana sea la respuesta, mayores las posibilidades de resultados favorables a corto, mediano y largo plazo”.
Alude que los registros de atención en servicios públicos de salud en México muestran un incremento sostenido en el diagnóstico de trastornos mentales. Los datos de morbilidad del Sistema Nacional de Salud publicados por el INEGI (2026) —que registran casos nuevos diagnosticados en servicios públicos de salud, no la prevalencia total del trastorno— muestran que la tasa de depresión en la población general pasó de 58.1 a 115.5 por cada 100 mil habitantes entre 2014 y 2024, lo que representa un incremento de casi el 100 por ciento en una década, aunque con una reducción notable en 2020 -de 99.7 a 67.0 casos por 100 mil habitantes- que podría estar asociada, al menos en parte, a las interrupciones en la prestación de servicios durante la pandemia más que a una disminución real de los casos.
En el mismo periodo, los trastornos alimentarios -anorexia y bulimia- crecieron 167 por ciento con un salto particularmente pronunciado a
partir de 2022. Esta tendencia se expresa de manera diferenciada por sexo: en 2024, las mujeres presentaron tasas casi 3 veces superiores en trastornos alimentarios y 2.6 veces superiores a las de los hombres en depresión. Estos datos son coincidentes con dos tendencias documentadas a nivel internacional.
LA JORNADA

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