0

La excavación de un enterramiento neolítico suele comenzar con un gesto habitual y repetido: retirar lentamente la tierra que ha cubierto durante milenios un cuerpo humano. Poco a poco, el diligente trabajo de los arqueólogos recupera huesos frágiles, a veces acompañados de herramientas de piedra o cuentas de concha. Cada esqueleto es, a su manera, una cápsula de información que conserva datos esenciales sobre la vida cotidiana de personas que vivieron hace más de siete mil años.

Aunque buena parte de la tradición arqueológica se ha basado en interpretar estas sepulturas a partir de los objetos funerarios y las posiciones de los cuerpos, y a pesar de que ha intentado reconstruir las jerarquías y roles sociales de aquellas comunidades agrícolas tempranas a partir de estos materiales, persistía un problema. Las tumbas reflejaban cómo una sociedad determinada quiso representar a sus miembros, pero no necesariamente lo que esos individuos hicieron realmente durante su vida.

En los últimos años, la bioarqueología ha tendido un puente para atravesar ese pequeño abismo interpretativo. El análisis de los huesos permite rastrear señales de esfuerzo físico, posturas repetidas o lesiones asociadas a determinadas actividades, evidencias de una cotidianidad que no siempre se refleja en los ajuares funerarios ni los rituales de enterramiento. Al comparar estas huellas dejadas en los cuerpos con la imagen del individuo construida durante los rituales funerarios, los investigadores han podido explorar hasta qué punto las identidades sociales coincidían con las experiencias reales de las personas.

Así, un estudio reciente, publicado en American Journal of Biological Anthropology y basado en el análisis de 125 esqueletos del Neolítico europeo, ha ofrecido nuevas pistas sobre esta cuestión. Sus resultados sugieren que las comunidades neolíticas podían estructurarse en torno a roles asociados al sexo biológico, pero también permitían una notable flexibilidad individual.

El análisis bioarqueológico de los huesos permite rastrear señales de esfuerzo físico, posturas repetidas o lesiones asociadas a determinadas actividades, evidencias de una cotidianidad que no siempre se refleja en los entierros.


Dos comunidades neolíticas en el corazón de Europa

La investigación se centró en dos yacimientos arqueológicos situados en la microregión de Polgár, en la actual Hungría. Separados por apenas cuatro kilómetros, ambos asentamientos pertenecían a momentos ligeramente distintos del Neolítico. El primero, Polgár-Ferenci-hát, estuvo ocupado aproximadamente entre 5300 y 5070 a. C. El segundo, Polgár-Csőszhalom, corresponde a una fase algo posterior del Neolítico tardío, entre 4800 y 4650 a. C. La proximidad geográfica y las evidencias de relación genética entre ambas poblaciones ofrecían un escenario ideal para comparar patrones sociales en un mismo entorno cultural.

Los investigadores analizaron restos de 125 individuos adultos bien conservados, procedentes de ambos conjuntos funerarios. La muestra incluía 64 mujeres y 52 hombres, cuyo sexo se determinó mediante análisis osteológicos y genéticos. Desde el punto de vista funerario, existe una diferencia notable entre ambos yacimientos. En Ferenci-hát, las tumbas muestran escasa diferenciación: los cuerpos suelen aparecer en posición flexionada, depositados sobre el lado izquierdo y casi sin ajuar. En cambio, en Csőszhalom se observan reglas funerarias más marcadas. Las mujeres suelen enterrarse sobre el lado izquierdo y los hombres sobre el derecho. Los ajuares funerarios también presentan diferencias según el sexo.


El cuerpo como archivo de las actividades cotidianas

Para reconstruir la vida diaria de estas comunidades, los investigadores analizaron tres tipos de modificaciones esqueléticas relacionadas con la actividad física. La primera fue la espondilólisis lumbar, una lesión vertebral causada con frecuencia por cargas repetidas sobre la columna. Este indicador permite estimar el nivel general de esfuerzo físico que experimentó una población.

El segundo marcador fue la presencia de entesopatías en el húmero, es decir, alteraciones en los puntos de inserción de los músculos y los ligamentos del brazo. Estas modificaciones pueden reflejar el uso repetido y unilateral de los miembros superiores.

Por último, se examinaron las llamadas facetas metatarsales, pequeñas superficies articulares en los huesos del pie que se desarrollan cuando los dedos se hiperextienden con frecuencia. Este rasgo suele relacionarse con determinadas posturas, como el arrodillamiento prolongado.

Los investigadores analizaron tres tipos de modificaciones esqueléticas relacionadas con la actividad física: la espondilólisis lumbar, la presencia de entesopatías en el húmero y las facetas metatarsales.


Un esfuerzo físico mayor en una de las comunidades

Uno de los resultados más llamativos del estudio fue la diferencia en la frecuencia de espondilólisis entre los yacimientos. Mientras que en Polgár-Ferenci-hát apenas se detectó un caso entre veinte individuos observables, en Polgár-Csőszhalom se identificaron entre siete y ocho casos en treinta individuos examinados, lo que representa una prevalencia muy elevada. Esta alta frecuencia sugiere que los habitantes de Csőszhalom estuvieron sometidos a cargas físicas particularmente intensas o repetitivas. Curiosamente, la distribución de la lesión no mostró diferencias claras entre hombres y mujeres. Este dato parece indicar que ambos sexos experimentaban niveles comparables de esfuerzo.


El uso asimétrico del brazo: una señal masculina recurrente

Otro hallazgo significativo se relaciona con el uso de los brazos. En la mayoría de las poblaciones humanas actuales, las lesiones en el codo aparecen con mayor frecuencia en la parte lateral del húmero. Sin embargo, en los hombres de los dos yacimientos neolíticos se observa un patrón inverso en el brazo derecho. Esta inversión sugiere un uso repetido y unilateral del miembro superior derecho, similar al que presentan hoy los atletas que realizan movimientos de lanzamiento intensivo.

La coincidencia de este patrón con estudios previos sobre robustez ósea en poblaciones neolíticas europeas apunta a la existencia de actividades predominantemente masculinas que implicaban movimientos de lanzamiento o golpes repetidos, como el uso de herramientas o de armas arrojadizas. Puesto que este fenómeno se observa tanto en Ferenci-hát como en Csőszhalom, los investigadores han propuesto que ciertos comportamientos asociados a la población masculina pudieron ser bastante comunes en diversas comunidades agrícolas tempranas de Europa.

Las evidencias de un uso repetido y unilateral del miembro superior derecho apuntan a la existencia de actividades predominantemente masculinas que implicaban movimientos de lanzamiento o golpes repetidos, como el uso de herramientas o de armas arrojadizas.


Posturas repetidas y especialización laboral

El análisis de los huesos del pie, por su parte, reveló otro aspecto interesante de la vida cotidiana. Alrededor de un tercio de los individuos presentaba facetas metatarsales, un indicio de hiperextensión habitual de los dedos que puede relacionarse con la adopción prolongada de ciertas posturas, como arrodillarse. Lo más revelador apareció en el caso de Csőszhalom. En este yacimiento, los individuos enterrados con herramientas de piedra pulida (objetos habitualmente asociados a los hombres) mostraban estas facetas con mayor frecuencia.

Esta asociación sugiere la existencia de tareas especializadas según el género, quizás en relación con el uso de determinadas herramientas. Sin embargo, el hallazgo de al menos una mujer enterrada con estos objetos y con las mismas marcas óseas indica que estas funciones no estaban completamente restringidas por completo a un solo sexo.

Los restos óseos de Polgár-Ferenci-hát y Polgár-Csőszhalom sugieren que los roles de género en el Neolítico estaban sujetos a normas sociales, pero no a reglas inmutables.


Roles de género estructurados, pero no rígidos

En conjunto, los resultados del estudio apuntan a una realidad social compleja. Por un lado, existen indicios claros de una división del trabajo basada en el sexo biológico. El uso asimétrico del brazo derecho en los hombres, detectado en ambas comunidades, es una de las evidencias más consistentes de esta diferenciación.

Al mismo tiempo, aparecen señales de flexibilidad. En Csőszhalom, por ejemplo, algunas personas bien se enterraron con objetos típicos del sexo opuesto, bien presentaban patrones de actividad que no coincidían con las expectativas funerarias. Esto sugiere que los roles de género en el Neolítico estaban sujetos a normas sociales, pero no a reglas inmutables.

Además, el contraste entre ambos yacimientos revela otra dimensión del fenómeno. En Ferenci-hát, las diferencias en las actividades entre hombres y mujeres apenas se reflejan en las prácticas funerarias. En cambio, en Csőszhalom las tumbas muestran una fuerte codificación simbólica del género. Según los responsables del estudio, por tanto, las identidades sociales podían representarse de forma distinta según el contexto cultural, incluso dentro de comunidades estrechamente relacionadas.

MUY INTERESANTE

Nota reciente
Esta es la nota más reciente.
Nota anteriror
Entrada antigua

Hola, déjenos un comentario

 
Top