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Por Liliana Poveda.- Con pena recibí la noticia de la renuncia de la maestra Lucía Chavira Acosta como defensora de los derechos universitarios, el pasado lunes 16 de agosto de 2021, la primera defensora y primera en darle curso al ente CREADO formalmente en abril de 2019. Parece increíble que en plenos veintes del siglo veintiuno, sigamos asistiendo a este tipo de actos de inútil reverencia y concesión al emperador o emperatriz de turno. Tal fue el caso. La renuncia se debió a la petición del rector de la UACH, Luis Fierro Ramírez, quien para poder reunirse con la nueva gobernadora del estado de Chihuahua accedió (¿u ofreció?) a esta condición que le pusiera la panista, electa para dirigir el Gobierno del Estado de 2021 a 2027… Años oscuros vienen viniendo… 

Con pena recibí la noticia de la renuncia obligada, sin embargo con gloria la maestra Chavira Acosta encabezó una gestión impecable como defensora, en la cual logró evidenciar y sancionar a más de un docente gandalla con la práctica soterrada del hostigamiento sexual a las alumnas mujeres, en particular, incluso hasta recomendar la renuncia en algunos casos, incluso de los tradicionales docentes intocables, reconocidos por su trayectoria académica e intelectual, como fue el CASO de Tomás Chacón Rivera, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UACH, en febrero de 2020. 

Con gloria, pues, se va la maestra Chavira Acosta (si bien no porque ella hubiera querido), y deja un equipo consolidado, tras haber hecho historia junto a la primera defensora adjunta, la maestra María Elena Cárdenas Méndez, con quien inició en febrero de 2019, en medio de un lago de prácticas normalizadas en contra de los y las universitarias.

Los derechos humanos, bandera de tantos y tantas, en individual y en colectividad, fuente de ingresos para muchas y mochos, en gobiernos y organizaciones, han configurado discursos que quedan bien parados ante distintos estamentos, sin que se reflejen en la acción los procesos y los resultados que implica luchar por que se respeten esos derechos. El caso de la creación y operación de la Defensoría de los Derechos Universitarios de la Universidad Autónoma de Chihuahua es un modelo exitoso, que pese a un presupuesto y recursos ínfimos ha dado voz y acompañamiento a víctimas de violaciones de derechos humanos en la universidad, principalmente mujeres y en particular alumnas, y ha emitido recomendaciones históricas que, con bajo perfil, sin aspavientos, han tenido eco en algunas decisiones del Consejo Universitario, ente conformado por catorce hombres y una mujer (quienes dirigen las facultades), además de los otros altos cargos en la Rectoría, conformada por cinco hombres, incluido el rector, y una mujer (la otra era a quien le pidieron la renuncia en mención). 

El rector Fierro Ramírez le sirve en bandeja de plata la cabeza de la maestra a la recién nombrada gobernadora del estado de Chihuahua, como en el conocido relato de los evangelios en el Nuevo Testamento, en el que Salomé le pide al rey Herodes Antipas la cabeza de Juan el Bautista (por consejo de su madre). Esta vez no hubo Juan, sino Juana, y quizá viene a colación el equivalente: una Juana de esta provincia, atípica profeta en el desierto, quien gestionó causas en favor de los derechos humanos en el árido entorno universitario. 

Pero sin duda la cabeza de la maestra Chavira Acosta está muy por encima de la de la gobernadora electa. La maestra ha mantenido en su historia como política –y como persona– una ética apegada a su convicción sobre el servicio público y el poder como servicio; nunca se ha dejado encantar por los corruptos ni ha hecho usufructo del dinero público. Y en este más reciente tramo de su carrera, al frente de la Defensoría de los Derechos Universitarios de la UACH, consiguió dejar en alto al Consejo Universitario y al mismo rector Fierro Ramírez, que, como sus antecesores, tampoco fue capaz de ejercer la segunda palabra que le da nombre al claustro: autonomía. 

Por cierto, tan alto el nivel que deja la que hoy queda en la historia como la creadora de la Defensoría de los Derechos Universitarios, que el propio ente respectivo en la UNAM llegó a declarar que la maestra Chavira había logrado en la UACH en dos años lo que ellos no habían logrado en diez. De ese tamaño.

Con gloria queda –pese a la ignorancia y la transa del mundo universitario y del ritmo de la política– la gestión de la maestra Chavira Acosta y de su equipo. Quienes acudieron a los servicios de la Defensoría en este tramo de abril de 2019 a agosto de 2021, víctimas y señalados, tuvieron la experiencia de la calidad de la atención y la claridad de los procesos con los que se lograron en algunos casos sanciones ejemplares. Gracias a la valentía y la gestión de la maestra Lucía Chavira Acosta, profesional a rabiar, también en esta gesta de su trayectoria.  

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