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Por Víctor M. Gómez-Céspedes.- El 28 de febrero de 2026 escribí en estas páginas que el conflicto en Medio Oriente no era un conflicto lejano. Que era el telón de fondo sobre el que México y América Latina tendrían que tomar decisiones estratégicas. Que el shock energético llegaría con un alza del 20 al 30% en precios del petróleo, reasignación de presupuestos hacia defensa, contracción del apetito inversor y debilitamiento de los marcos multilaterales.


Once semanas después, la Agencia Internacional de Energía publica los datos. Y los datos no necesitan adjetivos.


Lo que dicen los números

Más de 14 millones de barriles diarios de oferta están cerrados. Las pérdidas acumuladas del Golfo superan mil millones de barriles. Los inventarios globales se han drenado en 250 millones de barriles entre marzo y abril — el ritmo más rápido jamás registrado, equivalente a cuatro millones de barriles diarios saliendo del sistema. La demanda mundial de petróleo se contrae 420 mil barriles diarios en 2026, 1.3 millones por debajo del pronóstico previo al conflicto.


Esto no es volatilidad. Es una reconfiguración estructural del mercado energético global, ocurriendo en tiempo real.


Lo que en febrero era análisis prospectivo, hoy es factura cobrada.


El dato que define el momento — y que casi nadie está mirando

Mientras los analistas se concentran en el Brent y el WTI, hay un número que captura mejor lo que está en juego: 3,400 millones de personas en el mundo en desarrollo cocinan con gas licuado de petróleo. El 30% de las exportaciones marítimas globales de ese combustible pasaba por el estrecho de Ormuz hasta marzo. Hoy esos flujos cayeron de 1.5 millones a apenas 300 mil barriles diarios. India redujo sus importaciones a la mitad en los primeros dos meses del conflicto.


La sostenibilidad no es agenda de cumbres. Es la pregunta de si una madre en África subsahariana, en el sur de Asia o en zonas marginadas de América Latina puede cocinar mañana. Cuando hablamos de transición energética justa, este es el rostro real de la justicia. Y este es el costo real de un modelo económico que apostó todo a las cadenas largas.


Las cinco predicciones — y lo que dicen los datos hoy

La Agencia Internacional de Energía confirma punto por punto el marco planteado en febrero. Los precios del petróleo subieron en el rango anticipado y la demanda comenzó a destruirse en sectores estratégicos: petroquímica perdiendo disponibilidad de materia prima, aviación operando muy por debajo de niveles normales. Los presupuestos de defensa de Estados Unidos, Europa e Israel crecen, y el financiamiento climático prometido en COP28 y COP29 sigue sin materializarse — la reasignación que advertimos ocurre frente a los ojos del mundo.


Y aquí entra una evidencia que no esperaba tener tan rápido, ni desde tan cerca. Uno de los proyectos que estructuramos desde Chihuahua para acceder a Mitigation Action Facilities — uno de los instrumentos más relevantes del financiamiento climático multilateral — no fue aprobado. No fue un proyecto improvisado: fue una propuesta sólida, técnicamente robusta, alineada con prioridades globales. Y aun así, no avanzó. Esa es la fotografía exacta del estado actual del financiamiento climático: los recursos se están recalibrando, los criterios se están endureciendo y los instrumentos están bajo presión presupuestaria real. Lo que advertimos en febrero como tendencia macro, hoy se vive desde la trinchera de quienes intentamos construir proyectos bancables.


El multilateralismo no desaparece. Se redibuja. Y los que entiendan esa diferencia ganarán los próximos veinte años.


A esto se suma un dato que cambia el tablero de la cooperación energética global: Nigeria — primer productor de petróleo de África y país más poblado del continente — solicitó formalmente unirse a la IEA. La gobernanza energética se está reconfigurando en tiempo real, y los países productores entienden que la pertenencia institucional es ahora un activo estratégico, no opcional.


Lo que México y Chihuahua pueden hacer — sin esperar a que se calme

Aquí está la decisión estratégica que cada líder empresarial, cada gobierno estatal y cada cámara industrial en México tiene que tomar esta semana: ¿esperar a que el orden global se estabilice, o entender que la inestabilidad es el nuevo estado permanente y construir resiliencia ahora?


En Chihuahua decidimos no esperar. El biogás regional como vector de seguridad energética territorial es una apuesta estructural que estamos rediseñando con nuevos socios y nuevos instrumentos — porque un “no” en una ventana de financiamiento no cancela la pertinencia estratégica del proyecto, la confirma. La modernización del relleno sanitario de Cuauhtémoc dentro del programa IURC-LAC de la Unión Europea avanza como activo de soberanía material y caso replicable de transición justa. La cooperación Chihuahua-Paraná para hidrógeno verde se consolida como arquitectura de complementariedad energética hemisférica. ENVITRA, nuestra plataforma de trazabilidad industrial, se posiciona como infraestructura digital para la transición circular de un país que va a necesitarla antes de lo que cree.


Y el 22 de mayo, cuando se firme el Acuerdo Global Modernizado entre la Unión Europea y México, lo que para muchos será una noticia diplomática, para Chihuahua será la formalización de un marco bajo el cual ya estamos operando desde hace años.


La conclusión incómoda

Cada shock energético de los últimos cincuenta años aceleró la transición hacia alternativas. La crisis de 1973 impulsó la energía nuclear y solar. El choque de 2008 aceleró los mercados de carbono. La pandemia de 2020 impulsó el reshoring industrial. Este conflicto está acelerando la economía circular, la simbiosis industrial y la transición energética distribuida — y los países que estén posicionados para capturar esa aceleración definirán el siguiente ciclo económico.


La economía circular dejó de ser una agenda ambiental el día que un misil en Hormuz, un retraso de vuelo en Bogotá y una cocina apagada en Lagos demostraron que las cadenas largas son un riesgo de seguridad nacional.


Chihuahua no espera a que el mundo se calme. Está construyendo el modelo que ese mundo va a necesitar — con los proyectos que avanzan, con los que se recalibran, y con los que todavía no existen.



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