La falta de instrucciones claras en los empaques sigue complicando una tarea aparentemente sencilla: saber si un envase realmente puede reciclarse, si debe llevarse a un punto especial de recolección o si terminará en la basura.
De acuerdo con una encuesta de la Sustainable Packaging Coalition (SPC), casi dos terceras partes de las personas consultadas en Estados Unidos aseguraron que reciclan con frecuencia o siempre. Sin embargo, el desconocimiento sobre qué materiales pueden recuperarse continúa siendo una de las principales barreras.
El estudio señala que más de la mitad de los consumidores utiliza su propio criterio para decidir qué hacer con un envase, en lugar de seguir las indicaciones impresas en el producto. Esto no significa que las personas no quieran orientación, sino que muchas veces las etiquetas resultan poco visibles, ambiguas o difíciles de interpretar.
Entre las principales demandas de los consumidores se encuentran instrucciones fáciles de localizar, lenguaje sencillo, indicaciones específicas sobre cómo desechar cada material y mayor información sobre puntos locales de recolección cuando un producto no puede colocarse en los contenedores convencionales.
El tema también está tomando fuerza en el terreno regulatorio. En California, la ley SB 343, conocida como Truth in Labeling for Recyclable Materials, endurece los requisitos para que determinados productos puedan promocionarse como reciclables.
La normativa establece, entre otros criterios, que determinados envases deberán ser recolectados en al menos 60 por ciento de las comunidades y clasificados en al menos 60 por ciento de las instalaciones correspondientes para poder utilizar ciertas afirmaciones de reciclabilidad.
Para las empresas, esto implica que ya no basta con fabricar un empaque con materiales técnicamente reciclables. También deben considerar si existe infraestructura suficiente para recolectarlo y procesarlo, además de explicar correctamente al consumidor qué debe hacer una vez utilizado.
Uno de los sistemas que busca resolver este problema es How2Recycle, administrado por GreenBlue, organización matriz de la SPC. Según la encuesta, 84 por ciento de los consumidores reconoce al menos una de sus etiquetas.
Este sistema contempla diferentes instrucciones dependiendo de las posibilidades reales de recuperación del producto. Por ejemplo, puede indicar que un envase es ampliamente reciclable, que debe consultarse la disponibilidad local o que necesita llevarse a un punto específico de entrega.
El estudio también muestra que los símbolos por sí solos pueden no ser suficientes. Los consumidores prefieren que estén acompañados de texto sencillo que explique directamente qué deben hacer con el envase.
Para las marcas, mejorar este tipo de información podría reducir errores durante la separación de residuos y evitar que materiales reciclables terminen en la basura o que productos no recuperables contaminen los sistemas de reciclaje.
La discusión pone atención en una parte del proceso que suele pasar desapercibida: lo que ocurre después de que el consumidor termina de utilizar un producto. Un envase puede haber sido diseñado para reciclarse, pero si la persona no sabe cómo o dónde desecharlo, esa posibilidad puede perderse.
El reto, señala el análisis, consiste en hacer coincidir lo que las marcas prometen, lo que realmente pueden procesar los sistemas de reciclaje y la información que recibe el consumidor al momento de desechar un producto.
ExpokNews

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